La Resurrección: fundamento de la Iglesia Cristiana.

La Iglesia Cristiana fue fundada por los apóstoles a través de la propagación del Evangelio (Hechos 4:42). Pero esto que se originó en Jerusalén no hubiera sido posible sin la predicación de la resurrección de Jesús (Hechos 4:33). En aquel tiempo, los líderes judíos trataron de silenciar este mensaje, pero sin tener el cuerpo muerto de Jesús, sus posibilidades eran nulas.

El avance del Cristianismo a través de la historia tiene como fundamento la resurrección de Jesús 3 días después de haber entregado su vida en la cruz por nuestros pecados. De ahí la importancia de tener entendimiento claro sobre el valor de este evento:

  1. Es prioritario entender que, con la resurrección de Jesús, Dios nos muestra gracias demostrándonos que está a nuestro favor. El objetivo de este evento es restablecer una relación con nosotros que estaba rota por causa de nuestra desobediencia, vencer nuestro sentido de abandono y distanciamiento, y reconciliarse con su pueblo: “En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado.” (Romanos 6:5-6)
  2. Al resucitar Jesús al tercer día, Dios está declarando a Su pueblo y al mundo que nadie puede abrirse camino por sus propias obras hacia la salvación, pero que Su intención es hacer lo imposible para que podamos obtenerla: “¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva.” (1 Pedro 1:3)
  3. La resurrección de Jesús representa la promesa de Dios de que todos los que confíen en Su Hijo y lo que Él hizo, serán beneficiarios de Su poder, que nos conduce por el camino de justicia hacia una vida eterna: “Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)

Por lo tanto, creer de corazón que Dios levantó a Jesús de entre los muertos implica mucho más que la aceptación de un acontecimiento: implica la confianza en que Dios está a nuestro favor, en que Él ha garantizado una relación estrecha con nosotros por medio de esta obra, en que Él está transformando nuestra vida y en que Él nos salvará por amor a Su nombre.

Creer en la resurrección implica al mismo tiempo también creer en todas las promesas de vida, de esperanza y de justicia por las que la resurrección tuvo lugar.

En estos tiempos de incertidumbre que vivimos, creer que Jesús resucitó de la muerte, significa que mi descanso, mi confianza y mi paz, residen en el poder y en el amor que Dios nos mostró al llevar a cabo este evento majestuoso; significa que ningún temor a enfermedades, a guerras, a violencia, a perder bienes mundanos, ni la codicia por las ganancias de este mundo, podrán tentarnos a abandonar nuestra fe y a desobedecer a Su voluntad.

Esa es la diferencia entre un Cristiano y uno que no lo es: creer y tener como fundamento que Jesús vivió, murió y resucitó. Oremos para que Dios toque nuestros corazones para que lo amemos y hallemos descanso en la resurrección de su Hijo.

Daniel Espinosa|IEC

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