La Oración es nuestra ancla del alma

Voy a comenzar escribiendo algo acerca de uno de los autores cristianos que más experimentó acerca de la oración y de los resultados en su vidas, su nombre es John Bunyan, él no tuvo muchos recursos ni cultura y apenas sabía leer cuando se convirtió a Cristo y fue llamado al ministerio cristiano.

Su amor por la Palabra de Dios le estímulo a aprender a leer bien, y empezó a escribir con su Biblia en las manos. Luchó por la libertad religiosa en Inglaterra, y en 1660, fue encarcelado por predicar en público. En la soledad de su celda, Bunyan aprendió cómo orar y encontró cómo el Espíritu Santo era verdaderamente su Consolador.

En 1662 escribió sus pensamientos sobre la oración durante una etapa de persecución religiosa. Su esposa había estado luchando para obtener su libertad de la cárcel, pero todo fue en vano, y él no sabía en realidad cuál sería su futuro. Él tenía 2 libros en los cuales había recibido consuelo, uno de ellos era su Biblia y el libro de los mártires de Fox, con ellos aprendió que la única forma de glorificar a Dios en sus sufrimientos, e incluso si estaba destinado a ir a la muerte, era asistir a la escuela de oración de Dios, aprendió a orar frecuentemente y con pasión.

John anotó cada cosa detalladamente de lo que aprendió acerca de la oración y después todos sus escritos los pasó a través de las rejas a su esposa para animarla y a todos los demás cristianos que estaban pasando por la persecución, el encarcelamiento y la muerte fuera de las celdas de la cárcel.

Ya hemos cumplido un año de incertidumbre con esta nueva enfermedad llamada COVID-19 en nuestro país y alrededor del mundo, al mismo tiempo hemos escuchado muchas noticias acerca de una persecución muy sutil quizás a los cristianos con todos estos nuevos movimientos.

Hemos visto de primera mano cómo las iglesias se han visto envueltas en este temor de volverse a reunir, pero al mismo tiempo hemos visto un desánimo en muchos de nuestros hermanos, al igual que una fuerte oleada de depresión e inseguridad en los mismos cristianos.

Pero debemos recordar siempre que tenemos una mejor esperanza que es Cristo Jesús y que nos ha dejado la mejor arma que Él mismo usó en aquel huerto al saber que estaba a punto de pasar por todo ese sufrimiento a causa de nuestro pecado y pagar con Su muerte en la cruz.

El recurrió al Padre en oración en aquel Monte de los Olivos y expresó que si quería el Padre que pasara esa copa, que así se hiciera, pero que se hiciera la voluntad del Padre ante todo.

Jesús nos enseñó dependencia total del Padre en oración, pero también total sujeción a su voluntad Divina.

Dios nos manda que oremos, que lo hagamos en público y en privado. La oración que suplica nos lleva disfrutar de la hermosa comunión y compañerismo con Dios; por tanto, Dios ordena la oración como el medio para que crezcamos nuestra relación personal con Él.

La oración es nuestra ancla en medio de nuestras angustias, pero también es nuestra ancla para mantenernos con los pies en el suelo en medio de nuestros triunfos.

Cuando oramos frecuentemente y activamente, nuestras oraciones tienen grandes beneficios, tanto para nosotros como para los que oramos. La oración a Dios es un medio para llenar nuestra alma vacía al punto que puede terminar tan llena que salpica a los demás que están alrededor nuestro.

Además en nuestras oraciones, podemos abrir nuestro corazón a Dios como un amigo, y confirmar cada vez que lo hacemos, su amistad con nosotros; es por eso que es NUESTRA ANCLA.

Alfredo Carrillo | IEC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *