Preparando nuestros corazones para la Pascua.

¿Qué entendemos por pascua? Bueno el significado etimológico de la pascua proviene de la palabra hebrea pesaj que significa pasar por alto, el encontrar este significado hace que todo cobre sentido y es que pasar por alto nos remonta a un evento en específico (Éxodo 12), la liberación del pueblo judío de la esclavitud egipcia cuando la dureza del corazón de Faraón le impedía liberar al pueblo escogido de Dios. El Señor habló a Moisés y a Aarón y les dijo: “Digan a todos los israelitas que cada familia aparte un cordero o un cabrito para comérselo. Los animales deben ser machos, de tan solo un año y sin defecto. Una vez que se reúnan para comer, tomarán de la sangre del animal y la untarán en el marco de la puerta de la casa. Esa noche recorreré todo Egipto y mataré a todos los hijos mayores de cada familia egipcia, sea hombre o animal, pero ustedes mi pueblo no deben tener miedo; la sangre que untaran en los marcos de las puertas de sus casas me servirá de señal. Cuando yo la vea, no les haré ningún daño a sus primogénitos, sino que pasaré de largo. Será día memorable y lo celebraras como una fiesta solemne al Señor por generaciones, como estatuto perpetuo”. Y así paso, a la medianoche le quitó la vida a todos los hijos mayores de los egipcios. Murieron todos, desde el hijo mayor del Faraón hasta el hijo mayor del que estaba encarcelado, así como, todas las primeras crías de todos los animales de los egipcios. Pero Dios cumplió su promesa y pasó por alto a los primogénitos de las familias judías y no tocó a ninguno, así fue que el pueblo de Dios salió de la esclavitud vivida en Egipto. A la fecha los judíos celebran este hecho, pero para nosotros los cristianos evangélicos, tiene un significado mayor, un significado que supera lo terrenal, y tiene que ver con el principio de todo. Adán y Eva decidieron desobedecer a Dios, marcando a la humanidad para siempre y ellos representan a toda la humanidad pecando contra Dios y trayendo consigo el sufrimiento y la muerte. Todos debemos asumir que el pecado no es cosa menor pues la ofensa en realidad no es contra un ser humano o a una institución terrenal, el pecado ofende a Rey Soberano, al Creador del universo, a Dios todo poderoso y la consecuencia del pecado es la muerte; con la desobediencia de nuestros representantes, todos estamos destituidos de la gloria de Dios y por sí solos estamos esclavizados al pecado, víctimas de nuestras propias concupiscencias y nada podemos hacer para remediarlo. Lo anterior me causa terror, porque si estamos esclavizados al pecado ¿Quién y cómo podemos escapar de esa esclavitud? Tal parece que estamos condenados a muerte y no tenemos modo de defendernos. Estoy seguro que si hoy nos notificaran que tenemos que presentarnos a un juicio en el que estamos acusados de diversos delitos que ameritan la pena corporal máxima, es decir que seremos condenados a la silla eléctrica, a la horca, a la inyección letal o peor aún a la cámara de gases, lo primero que haríamos sería preguntarnos ¿Qué he hecho tan grave como para merecer tal castigo? Bueno tal vez si nuestro estándar son la leyes locales, quizá no encontremos motivo para merecer tal castigo, sin embargo la ley de Dios dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5), y la realidad es que todos hemos sido infieles a Dios, amando otras cosas más que a Él, está en nuestra naturaleza. Cada vez que desobedecemos su ley, le decimos a Dios que no le creemos, que lo que el mundo nos ofrece y nuestros planes son mejores; glorificamos aquello que nos da placer inmediato, cuando nuestra mirada debería enfocarse en lo eterno, confiamos en nuestra fuerza, en nuestras habilidades y no en nuestro Creador, adoramos más a la creación que al Creador y eso es pecado. Por eso estamos destituidos de la gloria de Dios y consecuentemente condenados a la muerte eterna. Pero te tengo una buena noticia, Dios es justo y efectivamente no puede pasar por alto nuestras faltas, tiene que haber un pago justo por nuestra deuda, pero al igual que al pueblo de Israel, Dios prometió un cordero sin mancha para el perdón de nuestros pecados, un sacrificio único y perfecto, en su infinita misericordia envío a Su propio Hijo a sufrir y morir por nuestros pecados, compareció a nuestro juicio, sufrió el dolor que nosotros merecíamos, pagó la deuda nosotros debíamos pagar, fue castigado en una cruz hasta la muerte, pero resucitó para vencer a la muerte y al poder de satanás. Igual que los israelitas, el castigo pasó sobre nosotros. Ese cordero perfecto es Jesús, Él es el significado de la pascua, sólo queda preparar nuestros corazones, venir en arrepentimiento de nuestros pecados y fe en Jesús, nuestro Señor y Salvador, dejando que Él guíe nuestra vida, para recibir el regalo inmerecido de la Salvación.

Jesús Yañez | IEC

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