Dios habla
De la serie: 1 Samuel | 📖 (1 Samuel 2:12 -4:1) | | 🗣Nathan Díaz | Compartelo:
Introducción: Dios obra en lo que no vemos Venimos de este comienzo en 1 Samuel, en el que vimos la historia de una nación en crisis y luego un enfoque muy particular en una mujer estéril: una mujer que no puede tener hijos, de una parte rural, y donde parecería una situación sin mucha importancia o sin mucha relevancia. Pero el libro empieza ahí porque nos muestra cómo Dios está trabajando en cosas que, a lo mejor, no vemos; que, a lo mejor, no sabemos; pero está trabajando y está haciendo una obra a favor de su pueblo.
Esta historia que vimos el domingo pasado termina con una oración: una oración de adoración que es el resultado de la experiencia de Ana delante de Dios, al traer sus tristezas, sus aflicciones, al traer todo lo que la está afligiendo delante de Dios, ponerlo delante de Él y confiar en su soberanía.
Entonces, confiar en que no es lo que ella quiere lo que le trae paz, sino confiar en que Dios la ha escuchado, y eso le trae paz. Eso es lo que vimos el domingo pasado en relación a Ana y en relación a la oración.
Y como vimos esta primera parte del capítulo 2, esta oración es un resumen del libro. Los temas que están aquí, que ora Ana, van a seguir apareciendo a lo largo del libro, ya de una manera aplicada. Es decir: sabemos estas verdades sobre Dios; ahora, ¿cómo se ven cuando son vistas en la historia? Tema de hoy: Dios habla (¿qué estamos escuchando?) Entonces, el tema de hoy es: Dios habla. Vamos a ver lo que queda del capítulo 2 y el capítulo 3, básicamente, para entender que Dios está hablando, y podernos hacer la pregunta, cada uno de nosotros: ¿qué estamos escuchando? ¿Dónde estamos poniendo atención? ¿En dónde está nuestro enfoque? Porque, si ustedes son como yo… Bueno, yo sé que dicen que es una diferencia entre hombres y mujeres, pero no puedo poner atención a más de una cosa a la vez. Dicen que las mujeres sí pueden hacer como cinco cosas al mismo tiempo: estar hablando por teléfono, estar cocinando, y estar haciendo varias cosas al mismo tiempo. Pero para mí es muy difícil. Cuando estoy en una llamada y me están hablando además, y luego todos quieren —o piensan— que debería ponerles atención… y de repente me doy cuenta de que ya no estoy escuchando una cosa, sino que me estoy enfocando en otra. A veces, en conversaciones, puedes estar hablando con alguien y hablan y hablan y hablan, y tu mente ya se fue en otra dirección. O a veces aquí en la iglesia estás escuchando más bien el chisme de algo que está pasando aquí atrás… Entonces estoy escuchando al hermano que me está diciendo algo, pero también estoy escuchando otra conversación que está sucediendo aquí atrás.Estoy confesando, hermanos, que a veces sí escucho lo que dicen… pero nos cuesta trabajo enfocarnos.
Tenemos que escoger dónde enfocarnos, y así es este mundo: hay muchas voces, hay muchas voces hablándonos y diciendo cosas, y estamos bombardeados de voces e información. Y si quieres ser intencional, en la voz de Dios vas a tener que enfocarte ahí. Vas a tener que decir: “Señor, yo quiero escuchar tu voz; yo quiero escuchar lo que tú me dices”. ¿Se acuerdan? Ya pasaron de moda, pero me acuerdo cuando estaba en la secundaria: había unas cosas, unos cuadros —o a veces estaban en libros— que nada más parecían un montón de colores, y si tú ponías tus ojos y hacías bizcos y te enfocabas de cierta manera, de repente surgía una imagen 3D.
Ya no existen esos. Un tiempo estaban de moda, y todo el mundo los quería, y los vendían en todas partes. Ahora ya no. Pero el punto es que ese es el tipo de enfoque que se requiere para poder escuchar realmente una cosa. Y es muy fácil distraernos. Y el punto es que Dios está hablándonos. Dios sí está hablando. Pero puede ser que no estemos escuchando. Dios habla… pero podemos no escuchar Dios está hablando, de acuerdo a la Palabra de Dios, a través de la creación. La creación nos dice algo acerca de Dios; como dice Romanos 1, habla de sus atributos, su eterno poder y deidad. Cuando vemos el cielo, las plantas, los animales, nos vemos a nosotros mismos… todo lo que está creado nos está diciendo algo acerca de Aquel que creó estas cosas. Y por supuesto, sabemos y creemos como iglesia que Dios habla a través de su Palabra. Pero el mundo allá afuera actúa como si Dios no estuviera hablando; como si Dios no existiera; como si Dios no estuviera diciendo nada. Y la gente piensa que pueden escuchar cualquier voz. Si no están escuchando a Dios, van a escuchar lo que sea… lo que sea que parezca más interesante. Cuando dejamos de escuchar a Dios, comenzamos a escuchar cualquier cosa. Y lo que vamos a probablemente querer escuchar será algo temporal y superficial al final; algo sin valor eterno.
Esa es la batalla de la vida cristiana también. Y esto es de lo que Pablo advierte a Timoteo en 2 Timoteo 4, cuando dice (versículo 3) que vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros; y apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a los mitos. Entonces la pregunta, otra vez —ese es el tema importante—: ¿qué estás escuchando? ¿Dios está hablando? ¿Lo estás escuchando? ¿O piensas que Dios no está hablando? ¿O estás tan distraído por todas las cosas en tu vida que no escuchas la voz de Dios? Y lo que vamos a estar viendo hoy ilustra perfectamente estos dos lados: cómo se ve cuando no escuchamos la voz de Dios, y cómo se ve cuando sí escuchamos la voz de Dios.1) Un sacerdocio en crisis (1 Samuel 2:12–17) Así que empezamos aquí en el capítulo 2, versículo 12. Nos quedamos justamente en donde la historia empezó: Elcana y su familia van a Silo y hacen los sacrificios; ahí es donde empieza toda la historia, y termina otra vez ahí con Elcana regresando a Ramá y dejando a Samuel sirviendo al Señor delante del sacerdote Elí. Eso es el versículo 11.
Ahora vemos el versículo 12: “Pero los hijos de Elí eran hombres indignos; no conocían al Señor, ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo…” (Se describe cómo, cuando alguien ofrecía sacrificio, el criado del sacerdote tomaba con un tenedor lo que quería; incluso antes de quemar la grasa exigían carne cruda; y si alguien reclamaba, respondían: “No, sino que me la darás ahora; y si no, la tomaré por la fuerza”.) “El pecado de los jóvenes era muy grande delante del Señor, porque despreciaban la ofrenda del Señor.” Entonces, es un contraste grande el que encontramos aquí, ¿no? Porque venimos de ver a Ana; venimos de ver a una mujer que está delante de Dios, buscando que Dios trabaje a través de su vida, dándole a su hijo; Dios contestando esta oración; ella en esta oración de adoración… Y de repente tenemos el contraste de algo que ya habíamos empezado a ver: el texto ya nos había dicho que están los hijos de Elí —Ofni y Finees— sacerdotes del Señor, pero no nos había dicho nada sobre ellos específicamente hasta ahora.
Mientras Ana le dice a Elí, cuando está llorando en el templo delante de Dios y pidiéndole a Dios nada más moviendo los labios —y Elí piensa que está borracha—, ella le dice: “No me tengas como mujer indigna”, porque Elí piensa que es una mujer indigna que nada más se está emborrachando y por eso está ahí en el templo y no sabe ni lo que está haciendo. Mientras que, en realidad, nos muestra el texto, los que son indignos son los hijos de Elí: los sacerdotes del tabernáculo. No conocían al Señor. Y básicamente lo que están haciendo es despreciar el sacrificio de la gente al ignorar cómo se tenía que repartir. Sí, había una provisión para los sacerdotes, pero la grasa tenía que ser quemada como ofrenda al Señor. Y ellos estaban tomando lo que ellos quisieran. No estaban viendo qué parte correspondía al sacrificio y qué parte correspondía a ellos; simplemente… Y el siervo también es cómplice: va y toma lo que quiera, y dice el texto que si alguien les reclama —si alguien se atrevía a reclamarles: “Oye, ¿no se supone que la grasa es para el sacrificio?”—, dicen: “Por la fuerza lo voy a tomar; tú dámelo”.Bullying en el tabernáculo.
Es la definición, ¿no? No les importaba. Ellos solo estaban viendo beneficiarse con la posición y la autoridad que tenían con el pueblo, obtener lo mejor que podrían obtener. ¿Se acuerdan de la oración de Ana en el versículo 3? Dice: “No se jacten más ustedes con tanto orgullo; no salga la arrogancia de su boca”. Y luego: “Quebrados son los arcos de los fuertes…” Habla de todas estas personas que Dios quiere humillar. Cuando lees la oración podrías pensar: “Bueno, está hablando de los enemigos de Israel”.
Pero ahora te das cuenta en el texto que, de hecho, quienes Dios quiere humillar no son los enemigos de Israel de afuera, sino sus líderes adentro del tabernáculo. Los hijos de Elí eran hombres indignos —hijos de Belial: esa es la frase literal. Ustedes saben: “hijos de destrucción”. Belial es un término que más adelante, en el Nuevo Testamento, inclusive encontramos aplicado a Satanás. Entonces, ellos no están haciendo justicia; ellos están actuando de una manera que deshonra a Dios.
Esto nos muestra que, cuando no escuchamos la voz de Dios, en este caso tiene que ver con un sacerdocio en crisis. Este es el enfoque del libro: el sacerdocio establecido en Israel para representar al pueblo delante de Dios y para guiar al pueblo hacia Dios está en crisis. No funciona como debería. ¿Por qué? Número uno: porque desprecian lo sagrado. No toman en cuenta lo que Dios ha establecido como sagrado; lo toman como algo común, como algo para su propio beneficio y provecho. Y por lo tanto, no escuchan la voz de Dios. 2) El contraste: Samuel (1 Samuel 2:18–21) Continuamos leyendo, y otra vez el contraste: este pasaje nos lleva una y otra vez a un contraste con Samuel, nada más para que veamos. Es un libro de contrastes.
Toda la Biblia es un libro de contrastes, pero en 1 Samuel lo estamos viendo: un contraste primeramente entre Ana y Elí, y ahora un contraste entre Samuel y los hijos de Elí. Dice el versículo 18: “Samuel, siendo niño, ministraba delante del Señor usando un efod de lino. Su madre le hacía una túnica pequeña cada año y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual…” Cuando estaba leyendo esto, me estaba imaginando a Ana como las hermanas de la iglesia cuando están con sus tejidos. Me imagino, obviamente, el amor de una mamá y cada año calculando qué tan más grande tiene que ser la túnica. Luego dice que Elí bendecía a Elcana y a su mujer, y decía: “Que el Señor te dé hijos de esta mujer en lugar del que ella dedicó al Señor”.
Y regresaban a su casa.“El Señor visitó a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante del Señor.” Aquí se cumple, de alguna manera, lo que Ana ya había orado cuando dijo que Dios da siete hijos… En el versículo 5: “Aun la estéril da a luz a siete…” Claro, aquí tiene seis, pero “siete” en términos poéticos representa algo completo, algo perfecto que Dios da. Y es lo que está experimentando Ana ahora en su vida con seis hijos. 3) La corrupción se agrava (1 Samuel 2:22–26)
Dice el versículo 22: “Elí era ya muy anciano y oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión.” Entonces va más allá de menospreciar los sacrificios y no considerar lo que Dios había llamado santo como santo: también están usando su posición de liderazgo en el tabernáculo para inmoralidad sexual. Y la gente lo sabe; se dan cuenta de que esto es lo que están haciendo. Elí les pregunta a sus hijos: “¿Por qué hacen estas cosas, las cosas malas de que oigo hablar a todo este pueblo?” Ahora quiero que vean el énfasis aquí: Elí ya es viejo, y como veíamos, Elí no ha sido muy bueno en escuchar la voz de Dios. Tiene un problema para escuchar la voz de Dios… pero sí escucha la voz del pueblo. Eso sí lo está escuchando. Y se da cuenta de que hay un problema. Y por eso va y confronta a sus hijos: “¿Por qué hacen estas cosas…?
No, hijos míos, porque no es bueno el informe que oigo circular por el pueblo del Señor”. Y dice el versículo 25: “Si un hombre peca contra otro, Dios mediará por él; pero si un hombre peca contra el Señor, ¿quién intercederá por él?” Pero ellos no escucharon la voz de su padre, porque el Señor quería que murieran. Y vuelve el contraste: “Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres.” 4) Despreciar el medio de gracia (y sus implicaciones)¿Qué es lo que le dice Elí a sus hijos? Vean el énfasis del versículo 25: “Si un hombre peca contra el Señor, ¿quién intercederá por él?” Aquí Elí sí está viendo cuál es el verdadero problema. Dios ha provisto una manera en la cual tú puedes ser reconciliado con Dios: los sacrificios, lo que llamamos un medio de gracia. Si tú has pecado, te arrepientes, llevas el sacrificio delante de Dios y Dios te perdona. Eso es lo que entendía el pueblo.
Y aquí Elí está entendiendo correctamente el problema: esto que ustedes hacen es grave, porque Dios ha provisto una manera de ser perdonado. Pero ¿qué pasa cuando ese medio de gracia —esa manera que Dios ha provisto para ser perdonado— es lo que desprecias? Cuando el mismo sacrificio que se está haciendo por ti es lo que menosprecias. Tú entiendes que eso es lo que necesitas para ser perdonado, y aun así dices: “No tiene valor para mí”. Esto tiene implicaciones muy importantes dentro de nuestro contexto hoy, porque el Nuevo Testamento retoma estas ideas también y nos muestra estas verdades.
Ya estudiamos Hebreos, pero Hebreos 6:4–6 habla de esta misma idea que está comunicando Elí: cuando alguien está plenamente consciente del sacrificio de Jesús y de lo que significa, y eso es lo que desprecia… dice la Palabra de Dios que ya no hay vuelta atrás. Y eso es exactamente lo que ha pasado aquí con los hijos de Elí. Habíamos visto —esto compartió con nosotros Gil el miércoles, en relación a Amós—: ¿qué pasa cuando el juicio de Dios es entregarnos a nosotros mismos, a nuestros deseos y pasiones, como dice Romanos 1? Esto es lo que Dios ha determinado para los hijos de Elí. Por eso ya no escuchan la Palabra de Dios. 5)
El anuncio del juicio sobre la casa de Elí (1 Samuel 2:2736) Seguimos leyendo, versículo 27: “Entonces un hombre de Dios vino a Elí y le dijo: ‘Así dice el Señor: ¿No me revelé ciertamente a la casa de tu padre cuando ellos estaban en Egipto como esclavos de la casa de Faraón? ¿No los escogí de entre todas las tribus de Israel para ser mis sacerdotes…?’” (El mensaje continúa: Dios confronta cómo pisotean su sacrificio y su ofrenda, y declara el juicio. Entre otras cosas: “Honras a tus hijos más que a mí…”, “yo honraré a los que me honran…”, y anuncia la muerte de Ofni y Finees el mismo día, y que levantará un sacerdote fiel.) Ese es el juicio de Dios ahora siendo establecido. Y hay muchas cosas aquí. Otra vez, hay muchos de los temas que Ana oró que están siendo aplicados ahora. Por ejemplo, en el versículo 3: “Porque el Señor es Dios de sabiduría, y por Él son pesadas las acciones”.
Eso es lo que está pasando aquí: Dios está pesando las acciones. Él conoce todo lo que está sucediendo. Él está determinando que Ofni y Finees van a morir en un solo día, y viene muerte y juicio para la casa. Ana oró (versículo 6): “El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir”. Dios está aplicando las cosas que van de acuerdo a su carácter aquí. Y en el versículo 5 de la oración de Ana: “Los que estaban saciados se alquilan por pan”. Esto también aparece en la profecía: “Todo aquel que haya quedado en tu casa vendrá… por una moneda de plata o una torta de pan…” 6) El problema no es solo “crianza”: es el corazón (prioridades e idolatría) Elí ya habló con sus hijos; lo más que hizo fue decir: “¿Por qué lo hacen?” Él no se había atrevido a quitarlos del sacerdocio. Y aquí vienen varias cosas. Miren: la tentación es enfocarnos demasiado en el tema de la crianza de los hijos —cómo criamos a nuestros hijos—, y podríamos defender a Elí y decir: “Pobrecito, ya estaba muy viejo… ¿qué podía hacer?” O podríamos ser extremadamente duros con Elí y decir: “Qué mal padre”. Y sé que la tentación va a ser en nuestra iglesia voltear y decir: “¿Quiénes son los Elí de nuestra iglesia? ¿Quiénes son esos papás que no educan bien a sus hijos?” Y hay algo de verdad en eso: sí, la Biblia nos muestra la importancia y la influencia que nosotros como padres tenemos sobre nuestros hijos. Pero antes de verlo desde ese ángulo, quiero recordarles que Elí no está solo en esto.
Más adelante se va a ver que Samuel tampoco fue tan buen padre con sus hijos. Y específicamente el texto dice que David tampoco fue buen padre para sus hijos. Entonces… ¿quién es buen padre en la Biblia? Encontramos un montón de errores y fallas a lo largo de todas estas historias. Algo más profundo está sucediendo aquí. Dios no está juzgando a Elí en esencia por ser un mal padre. Ese no es el problema. ¿Cuál es el problema? Está juzgando lo que dice el versículo 29: “Honras a tus hijos más que a mí.” Ese es el problema. Él prefiere quedar bien con sus hijos que quedar bien con Dios. Sus hijos son un ídolo en su vida. No se atreve a disciplinarlos.
El asunto no es: “Deberíamos ser buenos padres y ya.” El asunto es cómo están las prioridades dentro de nuestro corazón, de tal manera que nuestras prioridades quedan claras: si valoramos las cosas que son importantes para Dios más que las cosas temporales y materiales de este mundo — que, en este caso, son sus hijos.La advertencia está en contra de menospreciar las cosas que son importantes para Dios para poner en alto algo que es importante para nosotros. El problema de Elí es que se ha vuelto cómplice con sus hijos en despreciar lo sagrado. Él no le ha dado el valor que debería tener el sacerdocio. Ahí es donde Elí debía haber actuado.
Y lo vamos a ver una y otra vez a lo largo de todo 1 Samuel: cómo Dios tiene este lugar de lo sagrado y de lo santo —el sacrificio, el arca del pacto— y cómo despreciamos lo sagrado, cómo despreciamos los medios de gracia que Dios nos ha dado. Así que antes de pensar si somos buenos papás o malos papás —todos luchamos y todos fallamos en eso—, hay algo más importante: no desprecies los medios de gracia. Es lo más importante que Dios te ha dado. Y yo estaba pensando: “Señor, ¿por qué voy a ir a la iglesia hoy? ¿Cuál es mi motivación?” Porque tengo un compromiso… porque es tradición… porque quiero ver a mis amigos… ¿qué es lo que me motiva a estar aquí? Y esa tendría que ser la pregunta para cada uno: ¿por qué estás aquí? ¿Qué te trajo aquí? ¿Te obligaron a venir? Si vienes nada más porque “eso es lo que haces”, puede ser que estés menospreciando los medios de gracia que Dios te ha dado, considerando lo sagrado como algo común. La iglesia. La Cena del Señor. ¿Qué es la Cena del Señor? Es un medio de gracia que Dios nos ha dado.
Y entendemos que el riesgo con todas las cosas que Dios nos ha dado es acostumbrarnos tanto a ellas que dejemos de pensar en qué tan significativo es esto que Dios me ha dado para fortalecer mi comunión con Él, para amarlo más, para decir: “Esto es lo más importante”. No son mi dinero, ni mis problemas familiares, ni mi salud, ni todas estas otras cosas… Esto es lo más importante. Señor: lo que tú has considerado como sagrado, ayúdame a valorarlo como lo que es. Porque ese era el pecado de Elí y de sus hijos. Es un tema de mostrar en dónde están nuestras prioridades. 7) “Yo honraré a los que me honran” (una ilustración) No pude evitarlo cuando leí este versículo (versículo 30): “Yo honraré a los que me honran”.
Me acordé de una escena de Carros de Fuego, una película que ganó un Óscar. Es la historia, contrasta dos historias; una de ellas es la de un corredor… esto fue en las Olimpiadas de 1924 (se acaban de cumplir los 100 años): Eric Liddell. Eric Liddell era de Escocia. Fue a competir a las Olimpiadas para representar a su país. Y cuando él se entera que tenía que correr en domingo, él dice: “No, no voy a correr”.Imagínense qué revuelo causó dentro del comité olímpico. La película lidia mucho con ese drama. Pero él dice: “Yo voy a ir a la iglesia”. Tuvo que cambiar de carrera, una para la cual él no había entrenado. Y esto está en la película… no sé si es real; creo que sí es real: uno de los dirigentes de otro equipo (creo que de Inglaterra) va y le da un papelito que dice: “Yo honraré a los que me honran”. Y él ganó esa carrera. Eso se convirtió en su legado. Y después de las Olimpiadas, ¿saben qué hizo? Se fue de misionero a China, y ahí pasó el resto de su vida. No le interesaba la reputación ni el reconocimiento que podría venir de ganar en las Olimpiadas. Le interesaba que las prioridades de Dios fueran sus prioridades.
Bueno, véanla si no la han visto. 8) Dios prepara un nuevo ministerio en medio de la crisis (1 Samuel 2:35) El versículo 35 nos muestra una realidad de lo que Dios está haciendo: a pesar de que hay un sacerdocio en crisis, Dios está desarrollando un nuevo sacerdocio en medio de esa crisis. Eso es lo significativo del versículo 35. Samuel es alguien que Dios está levantando. Y en relación a cómo se va a acabar el sacerdocio de la casa de Elí, viene más adelante —lo vamos a ver— otro sacerdocio, Sadoc, que va a sustituir realmente a la casa de Elí. Pero Samuel es quien Dios ahora está preparando para ser un nuevo sacerdote. Quiero que vean las pistas sobre el sacerdocio de Samuel: • Versículo 11: Samuel se quedó sirviendo al Señor delante del sacerdote Elí. • Versículo 18: Samuel está usando un efod de lino —algo del sacerdocio, como sacerdote en entrenamiento. • Versículo 26: “El niño crecía en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres”.
Ya sabemos que esto nos está apuntando a un sacerdocio más grande y más permanente. ¿De quién se dijo esto? En Lucas 2:52 se dice de Jesús. Jesús es quien finalmente va a cumplir el sacerdocio que Samuel está preparando. Y vean cómo en el capítulo 2, versículo 11 dice: “sirviendo al Señor delante del sacerdote Elí”. Ahora en el capítulo 3, versículo 1 dice: “El joven Samuel servía al Señor en presencia de Elí”.¿Cuál es la diferencia? En el capítulo 3, versículo 1, ya no se menciona a Elí como sacerdote. Efectivamente, el sacerdocio ya ha sido retirado de Elí. Samuel está sirviendo; sí, Elí está ahí, pero Samuel es quien va a entrar en esta nueva función. Y claro, esto nos apunta hacia el sacerdocio perfecto de Cristo, en quien vamos a encontrar un representante perfecto para nosotros en medio de una crisis humana. 9) El llamado de Samuel: escuchar la voz de Dios (1 Samuel 3) Por último, vamos a ver el capítulo 3. “El joven Samuel servía al Señor en presencia de Elí. La palabra del Señor escaseaba en aquellos días, y las visiones no eran frecuentes…” (Se narra cómo Dios llama a Samuel por la noche, Samuel corre a Elí, y Elí al final entiende y le indica: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Entonces Dios revela el juicio definitivo sobre la casa de Elí, y Samuel teme contar la visión, pero finalmente se la comunica.) Y al final: “Samuel creció y el Señor estaba con él. No dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del Señor… La palabra de Samuel llegaba a todo Israel.”
Aquí tenemos lo que sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios. Tenemos imágenes: situaciones físicas que se están dando pero que representan verdades espirituales también de Israel. Recuerdan: Ana era estéril, y eso nos muestra la condición de Israel en su esterilidad; pero Dios quiere hacer una obra a través de ellos. Ahora tenemos a Elí: ciego, que no puede ver, representativo de la falta de visiones. Dice el versículo 1: “La palabra del Señor escaseaba… y las visiones no eran frecuentes”. Esto es paralelo a la falta de visión de Elí. Pero luego tenemos en contraste a Samuel. Dice: “Cuando la lámpara de Dios aún no se había apagado…” La lámpara tenía que estar prendida toda la noche dentro del tabernáculo. Es de noche, hay poca luz, pero la lámpara del Señor no se ha apagado: todavía hay esperanza. Dios va a hacer algo. Y Samuel está en la presencia de Dios: “Samuel estaba acostado en el templo del Señor donde estaba el arca de Dios”. ¿Y el arca qué representaba? El pacto de Dios con su pueblo. Samuel está en la presencia de Dios con un recordatorio del pacto de Dios.
El capítulo comienza diciendo que la palabra de Dios escaseaba, y termina con que el Señor se volvió a aparecer en Silo, porque el Señor se revelaba a Samuel en Silo por la palabra del Señor.10) Dios habla finalmente por su Hijo Dios ha actuado desde el principio a través de su palabra. Él creó este mundo con el poder de su palabra: “Que sea…”, y se hizo; “Que sea la luz…”, y fue la luz. Pero encontramos en la Biblia que la palabra final de Dios para nosotros fue a través de Jesús. Hebreos 1:1–2 dice: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Escuchamos la voz de Dios cuando escuchamos la voz de Jesús. ¿Quieres escuchar la voz de Dios? Pon atención a lo que Jesús dijo, y a cómo Jesús cumple todo lo que Dios había estado desarrollando durante toda la historia del pueblo de Israel. 11) Escuchar implica obedecer Samuel todavía no conocía al Señor, todavía no estaba familiarizado con la voz de Dios… pero va a familiarizarse con la voz de Dios. A diferencia de los hijos de Elí, que no conocían a Dios. Ofni y Finees no conocían al Señor, por eso no obedecían al Señor. Samuel va a empezar a escuchar la voz de Dios. ¿Y cuál es la respuesta? ¿Qué implicaba escuchar la voz de Dios para Samuel? Implicaba un mandato: escuchar una profecía y hacer algo con esa profecía —decirle a Elí lo que Dios iba a hacer con su casa—. Samuel tenía miedo. Y no lo culpo: a nadie nos gusta dar malas noticias. Elí, a veces, actúa sensatamente aquí, y le dice: “Dime lo que te dijo Dios… y si me ocultas algo…”. Y Samuel se lo cuenta todo. Y vean cómo contesta Elí: “Él es el Señor; que haga lo que bien le parezca”. Esto es una manera de decir lo que Ana ya había dicho: “No hay santo como el Señor; en verdad no hay otro fuera de ti”. Entonces, ¿qué implica escuchar la voz de Dios? Obediencia. Si tú escuchas la voz de Dios, obedeces. Si tú realmente quieres escuchar la voz de Dios, obedeces.
Tú no puedes conocer a Dios y vivir en desobediencia a Dios. Por eso es muy claro el texto: Ofni y Finees no conocían al Señor. Pero si tú conoces al Señor, si tú escuchas su voz… escuchar es conocer, y escuchar es obedecer. No puedes vivir en desobediencia.Tienes que decir: “Señor, aquí estoy”. Y esta es la frase que dice Samuel: “Habla, que tu siervo escucha”. Ahora, sí: lo que Dios va a decir va a retumbar los oídos de la gente. Es lo que dice el versículo 11. ¿Estamos cómodos diciéndole a la gente que están muertos en sus delitos y pecados, y que si no se arrepienten van a pasar una eternidad en el infierno, siendo justamente condenados por Dios? ¿Se sienten cómodos con ese mensaje? Yo no. A mí me cuesta trabajo. “¿No lo puedo suavizar un poquito, Señor? Bueno… con que tu fe sea sincera y busques a Dios, está bien…” ¿A qué nos ha llamado Dios? A dar un mensaje difícil: un mensaje de juicio. Pero al mismo tiempo, así como en esta historia, en medio de todo este juicio también está la lámpara ardiendo; también está Dios restaurando el sacerdocio; también está Dios restaurando el ministerio profético. De la misma manera, nosotros cuando predicamos el evangelio no nada más estamos predicando juicio; estamos predicando gracia y salvación también. Porque Dios, en medio de un mundo caído, en medio de un mundo lleno de pecado y que está siendo condenado por Dios, también está trabajando. También hay esperanza. Ese es el mensaje que creo que este pasaje nos comunica de una manera muy poderosa al ver la vida y el llamamiento de Samuel. 12) Exhortación final: “Habla, que tu siervo escucha” Entonces la pregunta para todos nosotros hoy es: ¿estamos escuchando la voz de Dios?
¿Qué implica escuchar la voz de Dios? ¿Qué implica obedecer a Dios? ¿Qué implica considerar lo sagrado como sagrado en nuestras vidas y ordenar prioridades? Un pastor estaba contando cómo, cuando estaba trabajando en una plantación, no tenían músicos. Y una de las personas que estaba atendiendo ya por un rato dentro de la iglesia, descubrieron que sabía tocar el piano. Entonces el pastor le dice: “Sería bueno si pudieras tocar el piano dentro de la iglesia; es algo que Dios te ha dado”. Y este hombre dijo: “Si empiezo a ofrecerme para servir a Dios, voy a terminar en África”. Entonces, mejor no… porque no quiero ir a África. Él entendía las implicaciones de obedecer a Dios, ¿no? “Si empiezo a ceder en esto pequeño… Dios me está llamando… ¿qué más me puede pedir? ¿De repente me puede pedir dejar mi país? ¿De repente me puede pedir dejar mi familia?” ¿Voy a ser obediente en eso? ¿Hay obediencia? ¿Hay obediencia?En medio de un mensaje de juicio y salvación al cual Dios nos ha llamado. Y esto nos está preparando ya para la conferencia de misiones: ¿qué implica ser obedientes? ¿Qué implica escuchar la voz de Dios? ¿Qué implica ser obedientes? Que cada uno de nosotros pueda decir: “Habla, que tu siervo escucha.” Vamos a cantar. “Danos fuerza para obedecer, Señor, y danos tu presencia hasta tu gloria ver.”
