La gloria del arca

De la serie: | 📖 (1 Samuel 4-7) | 🗓 22 / 2 / 26 | 🗣 | Compartelo:

Introducción: ¿Cómo vemos a Jesús? Vamos a continuar en nuestro estudio de Primera de Samuel, buscando siempre lo que Dios quiere decirnos a nosotros como iglesia, buscando su voluntad para nuestras vidas. Y vamos a ver los capítulos 4, 5, 6 y 7: cuatro capítulos que vamos a meditar hoy. Esta historia está enfocada en el arca, y esa es la razón por la que vamos a estar viendo esto. En un momento les voy a explicar la estructura del libro y esta sección en particular, que tiene su propia estructura.

Pero quiero que nos preguntemos: ¿cómo es que vemos a Jesús? ¿Y cómo es que nuestra sociedad y nuestra cultura ve a Jesús? Puede existir una perspectiva de ver a Jesús como alguien completamente seguro, como alguien que está ahí nada más para ayudarnos a tener una vida más amorosa y más pacífica. Por ejemplo, en nuestra sociedad, en Navidad, por lo regular la gente no tiene ningún problema con ver a Jesús en un pesebre, como un bebé. Ese puede ser el enfoque para muchos: verlo y decir: “¡Ay, mira qué tierno el bebé en el pesebre!” “¡Qué bonito cómo Jesús vino a nacer!” Y ven a Jesús dentro de esa dimensión solamente. Pero ya cuando se trata de verlo en la cruz —y todavía más cuando lo vemos en la dimensión de Jesús como Señor sentado en el trono celestial y como juez—, esto ya no es una perspectiva que la gente normalmente está pensando acerca de Jesús.

Y tiene que ver con su gloria: tiene que ver con la gloria de Cristo y cómo percibimos lo que significa la gloria de Cristo. Estas historias que vamos a ver ahorita tienen que ver con el concepto de la gloria de Dios, y a lo largo de estas historias en 1 Samuel quiero que piensen y estén observando en el texto este concepto de gloria. “Gloria” como “peso”: lo que no se toma a la ligera El concepto de gloria —esta palabra en hebreo— tiene su raíz en otra palabra que significa peso. Entonces, gloria y peso: algo que tiene peso, algo que tiene sustancia. Y claro, ustedes entienden eso, porque ese es nuestro lenguaje. Decimos: “Hay cosas que tienen peso.” Y cuando no le damos valor a algo, ¿qué decimos? Que lo estamos tomando a la ligera. Entendemos este lenguaje porque ese es el vocabulario que usamos en español para hablar de cosas importantes y de cosas que no son importantes.

La gloria es la seriedad con la cual Dios quiere ser tomado. Eso es su gloria: el peso que realmente tiene.La estructura del pasaje: un quiasmo (4–7) Así que déjenme mostrarles por qué estamos cubriendo cuatro capítulos hoy y por qué estos capítulos forman una estructura narrativa. Encontrar la estructura del texto nos muestra el énfasis del texto. Esto es lo que llamamos una estructura quiástica: van en paralelo los conceptos con los que empieza y termina, y todos los conceptos que llevan hasta en medio del texto también son paralelos.

• Una batalla en Eben-ezer, ganada por los filisteos (1 Sam 4:1–11) • El arca está con gentiles (Filistea) (4:12–22) • El arca trae plagas en Filistea (cap. 5) • El arca regresa a Israel (6:1–8) • El arca trae plagas en Bet-Semés • El arca está con gentiles en Quiriat-jearim • Una batalla en Eben-ezer, ganada por los israelitas (cap. 7) Recuerden: el énfasis está normalmente en el punto de en medio. ¿Cuál es el punto importante? El texto nos está llevando a ver la gloria de Dios en juicio y en restauración. Venimos del capítulo 3, donde la semana pasada veíamos que Dios llama a Samuel específicamente para este ministerio profético; el ministerio profético en Israel es restaurado, y terminamos con lo que dice el versículo 1: “La palabra de Samuel llegaba a todo Israel.” 1) Batalla en Eben-ezer: superstición y fe superficial (1 Sam 4:1–11) Salió Israel para enfrentarse en batalla con los filisteos. Acampó junto a Eben-ezer, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. Los filisteos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a Israel. Entablado el combate, Israel fue derrotado delante de los filisteos, quienes mataron como a cuatro mil hombres en el campo de batalla.

Cuando el pueblo volvió al campamento, los ancianos de Israel dijeron:“¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor delante de los filisteos? Tomemos con nosotros de Silo el arca del pacto del Señor para que vaya en medio de nosotros y nos libre del poder de nuestros enemigos.” El pueblo envió gente a Silo y trajeron de ahí el arca del pacto del Señor de los ejércitos, que está sobre los querubines. Los dos hijos de Elí, Ofni y Finés, estaban allí con el arca del pacto de Dios. Y aconteció que cuando el arca del pacto del Señor entró al campamento, todo Israel gritó con voz tan fuerte que la tierra tembló. Al oír los filisteos el ruido del clamor, dijeron: “¿Qué significa el ruido de este gran clamor en el campamento de los hebreos?”

Entonces comprendieron que el arca del Señor había llegado al campamento. Y los filisteos tuvieron temor, pues dijeron: “Dios ha venido al campamento… ¡Ay de nosotros! Porque nada como esto ha sucedido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a los egipcios en el desierto con toda clase de plagas. Cobren ánimo y sean hombres, oh filisteos… sean hombres, pues, y peleen.” Los filisteos pelearon, Israel fue derrotado y cada cual huyó a su tienda. La mortandad fue muy grande: de Israel cayeron treinta mil soldados de a pie. El arca de Dios fue capturada y murieron Ofni y Finés, los dos hijos de Elí.

Esto es muy interesante, porque tenemos como personaje central en toda esta historia el arca del pacto. A lo mejor no tienen mucho contexto, pero este es un objeto que aún los no cristianos normalmente tienen alguna idea —a lo mejor por Indiana Jones y toda esa trama—, y la gente tiene sus propias ideas sobre esta arca. Evidentemente estaba asociada con muchas cosas, pero la principal es poder y presencia.

El arca era un recordatorio para el pueblo: estaba dentro del tabernáculo; tenía dos querubines sobre el arca; dentro estaban los diez mandamientos dados a Moisés, que representaban el pacto de Dios con su pueblo y el pacto de obligaciones del pueblo para con Dios. También estaba el maná: recordatorio de la provisión de Dios en el desierto. Y el arca estaba dentro del lugar santísimo: símbolo de la presencia de Dios con su pueblo. Pero la condición espiritual de Israel —simbolizada antes por la esterilidad de Ana, la ceguera de Elí y otros detalles— era de sequía espiritual y ceguera espiritual. Y esta historia lo muestra. Entran a batalla con los filisteos. ¿Y pierden? Dicen: “¿Qué hacemos? ¿Cómo le hacemos?” “Vayan por el arca.” Claramente piensan: “Dios va a estar con nosotros si traemos el arca.” Pero la traen y pierden aún peor.Esto es lo que pasa cuando nuestra fe es superficial. Esto es lo que pasa cuando nuestra fe se convierte en solo superstición. La gente quiere algo: una imagen, un objeto, algo que sienta que le trae el favor de Dios.

En vez de pensar que Dios quiere nuestro corazón, pensamos que podemos manipular a Dios con ciertas cosas para que nos bendiga. Israel tiene un concepto erróneo acerca de la gloria de Dios. Piensan que Dios está ahí para ellos; no piensan que ellos están ahí para Él. Están tratando de manipular a Dios. Y Dios no será manipulado.

2) La noticia en Silo: Elí, el “peso” y la gloria robada (1 Sam 4:12–18) En el versículo 12, un hombre de Benjamín corrió del campo de batalla y llegó aquel mismo día a Silo, con sus vestidos rotos y polvo sobre su cabeza. Cuando llegó, Elí estaba sentado en su asiento junto al camino, esperando ansiosamente, porque su corazón temblaba por causa del arca de Dios. El hombre lo anunció en la ciudad, y toda la ciudad prorrumpió en gritos. Al oír Elí el ruido de los gritos, dijo: “¿Qué significa el ruido de este tumulto?” Elí tenía 98 años; sus ojos se habían cegado y no podía ver. El hombre le dijo: “Yo soy el que vine del campo de batalla; hoy escapé del campo de batalla.” “¿Cómo fueron las cosas, hijo mío?”, preguntó Elí. (Cuando yo tenga 98 años, también le voy a decir “hijo” a todos.) El que trajo la noticia respondió: “Israel ha huido delante de los filisteos. Además, ha habido gran matanza entre el pueblo. También han muerto tus dos hijos, Ofni y Finés, y el arca de Dios ha sido tomada.”

Cuando mencionó el arca de Dios, Elí cayó de su asiento hacia atrás, junto a la puerta, se rompió la nuca y murió, pues era entrado en años y pesaba mucho. No es muy seguido que la Biblia describa a alguien así, pero hay una razón. Quiero que noten cuando esta palabra de peso aparece, porque hay una relación entre gloria y peso. La gloria se ha ido de Israel. El arca fue tomada por los filisteos, pero esta gloria tomada es una gloria robada: una gloria en la cual no han entendido el supremo valor de Dios.El peso de Elí representa una gloria robada. Recuerden: ¿cuál era la acusación contra los hijos de Elí? Estaban robando del sacrificio que le pertenecía a Dios: la grasa tenía que ser quemada; y ellos tomaban lo que no les correspondía. Se estaban engordando con lo que le pertenecía a Dios: robando gloria. Recuerden lo que cantó Ana (2:3): “Por Él son pesadas las acciones.” Dios está pesando la gloria: “¿Quieres llevarte mi gloria tú?” Eso es lo que está siendo pesado. 3) Icabod: “¿Dónde está la gloria?” (1 Sam 4:19–22)

No nada más eso: continúa la historia. La esposa de Finés estaba embarazada. Su nuera, la mujer de Finés, estaba encinta y a punto de dar a luz. Al oír la noticia de que el arca había sido tomada y que su suegro y su marido habían muerto, se arrodilló y dio a luz, porque le sobrevinieron los dolores de parto. Al tiempo que moría, las mujeres que estaban junto a ella le dijeron: “No temas, porque has dado a luz un hijo.” Ella no respondió ni prestó atención. Entonces llamó al niño Icabod, y dijo: “Se ha ido la gloria de Israel”, por haber sido tomada el arca de Dios y por la muerte de su suegro y de su marido. Y repite: “Se ha ido la gloria de Israel, porque el arca de Dios ha sido tomada.” Ella entiende esta realidad: algo trágico está sucediendo. Icabod significa: “¿Dónde está la gloria?” (Kabod es gloria). “Se ha ido.”

Dios, en su gloria, se ha apartado de un pueblo que ha querido la gloria para sí mismo. 4) Dagón cae: la gloria que juzga a los ídolos (1 Sam 5) Los filisteos tomaron el arca de Dios y la llevaron de Eben-ezer a Asdod. La introdujeron en el templo de Dagón y la pusieron junto a Dagón, la deidad principal. Había un cierto respeto dentro del politeísmo: “Hay muchos dioses.” Si nuestro dios gana la batalla, es superior. Y quieren traer el arca como representativa del Dios de Israel y decir: “Nuestro Dagón es superior, pero vamos a mostrar respeto también.” Pero vean lo que sucede.A la mañana siguiente, cuando los de Asdod se levantaron temprano, vieron que Dagón había caído rostro en tierra delante del arca del Señor. Lo levantaron y lo pusieron otra vez en su lugar. Pero al día siguiente, otra vez Dagón había caído rostro en tierra delante del arca. Y ahora la cabeza de Dagón y las palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral. Solo el tronco le quedaba a Dagón. El autor dice que esto quedó como memoria para ellos: no se les olvidó.

Ahora tenemos una gloria no nada más que se ha ido de Israel, sino una gloria que juzga. La gloria de Dios puede ser algo temible. No es solo “qué bonito la gloria de Dios”; puede ser algo que nos hace temblar. Los filisteos trataron al Dios de Israel como uno entre muchos: como un bufete de dioses, sin entender su verdadera identidad. Y esa es la pregunta hoy: ¿no es eso lo que pasa con la percepción de mucha gente con respecto a Jesús? “Jesús es una opción entre muchas opciones.” “Tú puedes escoger al dios que quieras.” “Si no te gusta una religión, haz una combinación.” No entienden el supremo valor de Cristo y lo que representa la gloria de Cristo. ¿Se acuerdan de Mateo 16? Jesús pregunta: “¿Quién dice la gente que soy?” Y después: “¿Quién dicen ustedes que soy?” Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Solo hay un Dios. Y ese Dios es supremo. C.S. Lewis lo expresó así (en Mero cristianismo): no podemos decir con condescendencia: “Acepto a Jesús como gran maestro moral, pero no su pretensión de ser Dios.” Eso no queda abierto. O es el Hijo de Dios, o es un loco, o algo peor. Pueden encerrarlo, escupirlo, matarlo… o caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios.

Lo que tú pienses acerca de Jesús hace toda la diferencia. Delante del verdadero Dios, todos los demás dioses deben caer. ¿Cuál es tu dios? ¿Cuáles son tus dioses? ¿Cuáles son los rivales que quieren quitarle la gloria a Dios en tu vida? A veces convertimos cosas buenas en dioses: el anhelo de estar casado, la seguridad económica… Delante del verdadero Dios, todos los demás dioses deben caer. 5) “Pesada” es su mano: plagas y pánico (1 Sam 5:6–12) Vean el versículo 6: “La mano del Señor se hizo pesada sobre los de Asdod…”Los desoló y los hirió con tumores. Y los de Asdod dijeron: “El arca del Dios de Israel no debe quedar con nosotros, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre Dagón nuestro dios.” Entonces enviaron por los príncipes de los filisteos: “¿Qué haremos con el arca del Dios de Israel?” La enviaron a Gat. Y después, la mano del Señor estuvo contra la ciudad, causando gran confusión: tumores desde el menor hasta el mayor. Entonces la enviaron a Ecrón. Cuando llegó a Ecrón, clamaron: “Han traído el arca del Dios de Israel hasta nosotros para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo.” Y dijeron: “Que vuelva a su sitio, para que no nos mate.”

Porque había un pánico mortal por toda la ciudad. Y otra vez: “La mano de Dios se hizo muy pesada allí.” Es el peso de la gloria de Dios en su juicio. La gloria de Dios los está aplastando. 6) La devolución del arca: ofrenda por la culpa (1 Sam 6) El arca del Señor había estado siete meses en la tierra de los filisteos. Llamaron a los sacerdotes y adivinos: “¿Qué haremos con el arca del Señor? ¿Cómo la enviamos a su lugar?” Ellos respondieron: “Si envían el arca del Dios de Israel, no la envíen vacía, sino que ciertamente devolverán a Dios una ofrenda por la culpa.” Tienen este principio: hay que hacer algún tipo de pago por la culpabilidad. Preguntan: “¿Cuál será la ofrenda?” Y responden: cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, conforme al número de los príncipes… para “dar gloria al Dios de Israel”. Y dicen: “¿Por qué endurecen sus corazones como endurecieron sus corazones los egipcios y Faraón?” Recuerdan Egipto, las plagas.

Proponen la prueba: un carro nuevo, dos vacas con crías (sin yugo), y que el carro vaya directo a Bet-Semés. Si va, “entonces él nos ha hecho este gran mal”; si no, “fue casualidad”. Y las vacas tomaron el camino recto a Bet-Semés, mugiendo, sin desviarse. Los príncipes las siguieron hasta el límite.(El sermón explica aquí: “tumor” y “ciudad fortificada”, la rareza de ratones y tumores de oro, y menciona la posibilidad de algo como peste bubónica: infección grave transmitida por roedores; inflamación de ganglios, fiebre, escalofríos. Se subraya: están ofreciendo cosas inmundas; no es el sacrificio correcto; pero por lo menos reconocen culpa y que “tenemos que hacer algo”.) 7) Bet-Semés: el arca también es peligrosa para Israel (1 Sam 6:13–21) El pueblo de Bet-Semés estaba segando el trigo en el valle.

Alzaron sus ojos y al ver el arca se alegraron. El carro llegó al campo de Josué el betsemita, y se detuvo. Partieron la madera del carro y ofrecieron las vacas en holocausto al Señor. Los levitas bajaron el arca y la caja con los objetos de oro, y las colocaron sobre la piedra grande. Ofrecieron holocaustos y sacrificios ese día. Los príncipes filisteos vieron esto y regresaron a Ecrón. Luego se enumeran los tumores de oro y ratones de oro, y el autor dice que la piedra grande es testigo hasta el día de hoy. Pero vean: “El Señor hirió a los hombres de Bet-Semés porque habían mirado dentro del arca del Señor… hirió a 50,070 hombres.” El pueblo lloró por la gran mortandad. Y los hombres de Bet-Semés dijeron: “¿Quién puede estar delante del Señor, este Dios santo? ¿Y a quién subirá al alejarse de nosotros?” Entonces enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim para que se la llevaran.

El arca era peligrosa para los filisteos… pero era igual de peligrosa para los israelitas. ¿Qué hicieron mal? Se mencionan varias cosas: ofrecieron vacas en lugar de toros, la pusieron sobre una roca, y más importante: miraron adentro. Todo lo que Dios había dicho “no hagan”, lo hicieron. Se volvió una atracción turística: “Miren, llegó el arca…” Y la pregunta es: ¿quién es la verdadera amenaza? ¿Los filisteos? Los filisteos no eran ninguna amenaza para Dios. La verdadera amenaza para Israel es Dios mismo, en su gloria. Aquí termina el sacerdocio en Silo. El problema era el mismo: tomar a la ligera a Dios y su gloria. Eso pasó con Finés y Ofni y con Elí, y ahora Israel comete el mismo error.Y la pregunta del versículo 20 resume toda esta historia: “¿Quién puede estar delante del Señor, este Dios santo?” Si somos honestos y conocemos nuestro pecado, sabemos que merecemos la muerte: la paga del pecado es muerte. Entonces se cita Romanos 2:5–12 (la acumulación de ira, juicio conforme a obras, tribulación, y que en Dios no hay acepción de personas). 8) Capítulo 7: la gloria que restaura (arrepentimiento, intercesión, sacrificio) Esto nos lleva a nuestro último punto: la gloria también restaura.

Los hombres vinieron de Quiriat-jearim, tomaron el arca del Señor y la llevaron a la casa de Abinadab en la colina, y consagraron a Eleazar su hijo para que guardara el arca del Señor. Pasó mucho tiempo: veinte años desde el día en que el arca quedó en Quiriat-jearim. Y toda la casa de Israel añoraba al Señor. Pasan veinte años, y después hay un avivamiento: Israel vuelve a añorar al Señor. Un personaje que había desaparecido en estos capítulos regresa: Samuel. Samuel habló a toda la casa de Israel: “Si es que ustedes se vuelven al Señor con todo su corazón, entonces quiten de entre ustedes los dioses extranjeros y a Astarot… dirijan su corazón al Señor y sírvanle solo a Él, y Él los librará de la mano de los filisteos.” Los israelitas quitaron a los baales y a Astarot y sirvieron solo al Señor. Samuel dijo: “Reúnan en Mizpa a todo Israel, y yo oraré al Señor por ustedes.” Se reunieron, sacaron agua y la derramaron delante del Señor, ayunaron y dijeron: “Hemos pecado contra el Señor.” Y Samuel juzgó a Israel en Mizpa: un juicio que evalúa la sinceridad del arrepentimiento. Cuando los filisteos oyeron que Israel estaba reunido, subieron contra Israel. Los israelitas tuvieron temor. ¿Quiénes tuvieron temor en la primera batalla? Los filisteos. Los israelitas estaban confiados: “Tenemos el arca.” Ahora Dios ha tratado con ellos: hay humildad. Dijeron a Samuel:“No dejes de clamar al Señor nuestro Dios por nosotros, para que Él nos libre de la mano de los filisteos.” Samuel tomó un cordero de leche y lo ofreció como holocausto completo al Señor; clamó Samuel al Señor por Israel, y el Señor le respondió. Mientras Samuel ofrecía el holocausto, los filisteos se acercaron; pero el Señor tronó con gran estruendo contra los filisteos, los confundió y fueron derrotados. Israel los persiguió hasta más allá de Bet-car. Entonces Samuel tomó una piedra, la colocó entre Mizpa y Sen, y la llamó Eben-ezer, diciendo: “Hasta aquí nos ha ayudado el Señor.” Los filisteos fueron sometidos y no volvieron más dentro de los límites de Israel; la mano del Señor estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel. Las ciudades fueron restituidas; hubo paz.

Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida, hacía un recorrido por Betel, Gilgal y Mizpa, y luego volvía a Ramá; edificó ahí un altar al Señor. Tres claves del pasaje: arrepentimiento, intercesión y sacrificio Entonces, ¿qué pasó aquí? 1. 2. 3. Hubo arrepentimiento. Hubo intercesión. Hubo sacrificio. Esa es la gloria que restaura. Arrepentimiento es voltear de los ídolos —de los dioses donde hemos encontrado satisfacción y seguridad— y decir: “No, Señor: tú eres nuestro valor supremo.” Arrepentimiento es honrar el valor del Señor más que cualquier otra cosa. Y entonces se conecta con Cristo: • Juan 1:14: “Vimos su gloria… lleno de gracia y de verdad.” • Necesitamos un sacerdote: aquí Samuel cumple esa función.• Necesitamos un sacrificio: Juan 1:29: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Luego el sermón lo explica así: Jesús fue “exiliado” por nosotros.

La gloria se apartó de Israel; Dios mismo entró al exilio. Y Dios toma tan en serio su gloria que Él mismo carga con el peso de su gloria: el peso de la gloria de Dios aplastó a Jesús como juicio por nuestra idolatría y rebeldía. Y así como el arca entró al templo de Dagón y parecía derrota, de la misma manera Jesús parecía derrotado. Pero cuando amaneció esa mañana de domingo, los enemigos de Dios estaban “cara abajo” delante de la gloria de Cristo resucitado. Se cita Colosenses 2:15: despojó a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos. Entonces la historia termina en victoria: los enemigos ya no son amenaza. Y a través de la fe, nuestro temor de la gloria de Dios se convierte en esperanza. Romanos 5:1–2: “Habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios… y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” La gloria de Dios restauró a Israel: les dio victoria, paz, restitución. De vergüenza a gloria. Y se conecta con la oración de Ana (2:8): “Un sitio de honor” —un sitio de gloria. De Icabod (“se fue la gloria”) a Eben-ezer (“hasta aquí nos ayudó el Señor”).

La cruz es nuestro Eben-ezer: recordatorio de lo que Dios ya hizo y de lo que hará todavía (Romanos 8:32). Conclusión: ¿cuánto durará esta restauración? El pueblo de Israel ha sido restaurado a la paz. El pueblo de Israel ha sido restaurado para ver correctamente el peso de la gloria de Dios. La pregunta es: ¿cuánto tiempo va a durar eso? Y de eso se trata el próximo domingo en nuestro estudio de 1 Samuel. Oración final Gracias, Padre, por tu palabra; gracias por tu gloria: una gloria que aunque a pesar de nuestro pecado se ha ido, es una gloria que juzga nuestro pecado, pero es una gloria que restaura nuestras vidas a través del arrepentimiento, la fe en el sacrificio perfecto de Cristo y tu intercesión por nosotros. Señor, queremos vivir para ti. Quita los ídolos de nuestras vidas, para darte la gloria que tú mereces y entender el peso que tú tienes que tener en nuestras vidas. En nombre de Cristo Jesús. Amén.