La oración de Ana

De la serie: | 📖 (1 Samuel 1:1-2:11) | 🗓 8 / 2 / 26 | 🗣 | Compartelo:

Introducción: ¿Qué lugar tiene 1 Samuel en la historia redentiva? Vamos a empezar con el libro de 1 Samuel. Y como iglesia, juntos, vamos a tratar de entender el lugar que este libro tiene —junto con 2 Samuel— en la historia redentiva, y cómo eso es importante y relevante para nosotros: entender el rol que juegan diferentes personajes aquí para cumplir con el plan de Dios. No nada más para su pueblo Israel, sino para toda la humanidad. Entonces, el tema que vamos a estar pensando juntos en relación a 1 Samuel —y esto va a estar conectado con todos los sermones de 1 Samuel— es la idea de que necesitamos un rey. Necesitamos un rey.

Contexto: Del libro de Jueces a la necesidad de un rey 1 Samuel viene dentro de un contexto histórico para Israel que sale del libro de Jueces. Jueces es ese contexto histórico donde se desarrolla 1 Samuel. Como ustedes saben, el libro de Jueces nos muestra tiempos muy difíciles para los judíos, especialmente porque se alejan de Dios: Dios manda naciones a oprimirlos, claman a Dios, Dios levanta un juez y entonces son rescatados; pero después pasan unas generaciones y vuelven a caer en lo mismo. Otra vez se alejan del Señor, caen en idolatría, y así el ciclo se va dando una y otra vez a lo largo de todo el libro de Jueces.

El resumen principal que nos da Jueces sobre la condición de Israel es: “Cada quien hacía lo que bien le parecía.” Cada quien hacía lo que bien le parecía. Y creo que cuando creamos nuestra propia moralidad, empezamos a ver una sociedad y una cultura diferente, en decadencia; pero especialmente vemos separación de Dios y el juicio de Dios que viene como resultado de nuestro pecado y nuestra idolatría: cosas que tienen que ver con buscar algo que no es Dios, que sustituya el lugar que Dios debería tener en nuestras vidas. Pero el tema con el que empieza realmente 1 Samuel es este: esta es la época de los jueces. El liderazgo en Israel es débil. Es un liderazgo corrompido. Es un liderazgo que no está siendo realmente algo que lleve a la nación a buscar a Dios. Y la nación se siente perdida en cuanto a este liderazgo. Los jueces de repente eran levantados, pero desaparecían. No hay rey en Israel.

Y entonces 1 Samuel sirve como una transición de la época de jueces a reyes, donde ahora va a ser una posición que se hereda, donde va a haber una sucesión de acuerdo a una dinastía, a una familia. El comienzo del relato: “Había un hombre…” (1 Samuel 1:1)Entonces, empezamos en 1 Samuel con lo que nos dice el versículo 1. Tengan esto en mente: este es el contexto, no hay rey, no hay líder. Y de hecho Dios siempre ha levantado a alguien que pueda liderar a la nación. Entonces, cuando empieza 1 Samuel y dice: “Había un hombre de Ramataim de Sofim, de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Elcana…”, de repente puedes empezar a tener esperanza: “Hay un hombre que Dios está levantando. ¿Es él? ¿Es él el que va a dirigir a Israel? ¿Es él el que va a poder ser un líder digno y justo?” Dice: “Hijo de Eliú, hijo de Tou, hijo de Suf, el efrateo”. Pero cuando nos da la genealogía de Elcana, nos damos cuenta que realmente no hay nada significativo acerca de él. Es una comunidad rural; es un hombre que no está realmente conectado a nada importante. Excepto hay una pista que va a ser importante en el desarrollo de la historia de redención: que él viene de una familia que es de Efrata. Y “Efrata” está conectado con qué ciudad: Belén.

Aquí hay una conexión importante de lo que Dios está haciendo a través de Elcana. Y cuando tú piensas que es Elcana el que realmente Dios está levantando, de repente el panorama empieza a cambiar de enfoque en la narración. Un drama familiar: Ana y Penina (1 Samuel 1:2–7) Dice el versículo 2: Elcana tenía dos mujeres. (Y por cierto: la poligamia en el Antiguo Testamento —recuerden esto— es descriptivo, no prescriptivo. Dios nunca mandó esto, pero esto es lo que está sucediendo en este contexto, y vamos a entender por qué tiene dos mujeres).

El nombre de una era Ana y el de la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía. Todos los años aquel hombre subía de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificio al Señor de los ejércitos en Silo. Ahí los dos hijos de Elí —Ofni y Finees— eran sacerdotes del Señor. (Esto también es un detalle que va a regresar y lo vamos a estar viendo el próximo domingo, pero por ahora se señala como parte de la historia: estos son los sacerdotes; Elí es el sumo sacerdote). Dice el versículo 4: cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a Penina, su mujer, y a todos sus hijos e hijas; pero a Ana le daba una doble porción, pues él amaba a Ana, aunque el Señor no le había dado hijos.

Su rival, Penina, la provocaba amargamente para irritarla, porque el Señor no le había dado hijos. Esto sucedía año tras año. Siempre que ella subía a la casa del Señor, Penina la provocaba; por lo que Ana lloraba y no comía. Entonces tenemos un drama. De repente el enfoque cambia hacia las esposas de Elcana, y es un drama familiar terrible. Como vemos esto de la poligamia: no es buena idea. Por si están pensando: “Ay sí, qué bonito tener dos esposas”… esto va a pasar. Me recordaba “Dos mujeres, un camino”. Si tienen mi edad, saben a qué me refiero.Parece ser que Ana es la primera esposa.

Entonces Ana es la primera esposa, pero no puede tener hijos. Ahora, esta es una sociedad en donde es sumamente importante tener hijos, por varias razones, y esto nos va a llevar a ver cuál es la motivación de la oración de Ana. Había muchas razones por las cuales era importante tener hijos. 1. 2. 3. Era una sociedad agraria, donde el trabajo físico era tan importante. Tener hijos representaba una gran ayuda para cualquier familia: “Ellos me van a ayudar a trabajar.” Yo tengo a mis hijos trabajando para mí ahí en el estudio. No es la única razón por la que tuve hijos, pero sí me ayudan. No había planes de jubilación en ese tiempo. Entonces piensas: “Mis hijos me van a cuidar cuando ya esté viejo.” Este era el plan de respaldo para alguien que está pensando llegar a una edad en la que necesita cuidado. Y también como nación, Israel. A lo largo de toda la ley mosaica se hace una conexión entre el tener hijos y la bendición de Dios. Entonces, para la nación es importante que las mujeres tengan hijos.

La nación depende de eso: los ejércitos y la manera en que la nación puede crecer y avanzar y prosperar es en base a los hijos que cada una de las familias tenga. Entonces es una gran deshonra culturalmente en este momento que una mujer no pueda tener hijos. Y la historia se muestra de tal manera que, como Ana es la primera esposa, parece ser que Elcana se da cuenta de que ya no puede tener hijos. Como no puede tener hijos, por eso se casa con Penina: para tener hijos, porque quiere herencia, quiere un linaje que venga detrás de él. Entonces Penina, pues claro, se siente despreciada. Probablemente se da cuenta de que Elcana prefiere a Ana. Y esto es lo que causa esa rivalidad entre ellas. Y Penina significa “fructífera”. Ana significa “favorecida” o “gracia”. Eso significa Ana.

Entonces me imagino a Penina burlándose de Ana, diciéndole: “Sí, favorecida… Dios no te está dando hijos. Eso es lo que significa tu nombre: favorecida.” Y esto una y otra y otra vez, año tras año. Elcana es un hombre que busca honrar a Dios. Lleva a su familia a Silo a hacer los sacrificios cada año. Pero cada año se da esta tensión entre ellos. Y aquí explica que, cuando se sientan a comer, hay diferentes traducciones con respecto a esto: en una, le da una porción a Ana; en otra, le da doble porción.

Pero el punto es que a Penina le da una porción de acuerdo a sus hijos: “A ver, a ti te toca esta comida, y como tienes todos estos hijos, también te toca comida para todos estos hijos.” Y Ana… no estamos seguros cuál de los dos es, pero de todas maneras la porción que le da a Ana la confronta con lo mismo. Aunque le dé el doble, si suponemos que esa versión es correcta, entonces le da doble porción y dice: “Bueno, te doy otra porción”, pero ¿quién se la va a comer? Ana dice: “Pues nada más soy una”. Y entonces esa doble porción es un recordatorio de los hijos que no tiene.Por eso está tan triste. Por eso se siente tan desesperada. No sabe qué hacer. Y literalmente dice que Penina le causa una tormenta. Ese es el concepto en hebreo: le trae una tormenta, como en un huracán, estar atrapado en una situación donde está soplando el viento, está cayendo la lluvia sobre ella.

Esa es la idea detrás de lo que dice que la irrita. Pero Penina tiene toda la razón cuando dice: “El Señor no le había dado hijos”. Elcana no entiende: “¿No soy yo mejor que diez hijos?” (1 Samuel 1:8) Encima de eso, vean lo que dice el versículo 8. Elcana la ama. Y Elcana, su marido, le dice: “Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón?” Ya me imagino a Ana volteando a ver a Elcana: “¿En serio? ¿Me acabas de preguntar por qué estoy triste? ¿No sabes esta situación, mi querido Elcanita?”

Puede sentirse la frustración de Ana aquí. Y muchos matrimonios podemos sentirnos identificados con esta situación: el esposo no entiende los sentimientos de su esposa, y trata de ayudarle… y no le está ayudando. Que sea de ánimo, esposas, si sienten que sus esposos no las entienden en sus sentimientos: esto tiene tres mil años sucediendo. Y todavía encima de eso, le dice: “¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?” Se dan cuenta: está tratando de ayudar y no está ayudando. Me parece interesante que lo ponga así como: “Mira qué regalazo te dio Dios en mí”. Me imagino a este hombre como el tipo de esposo que para el aniversario de bodas le regala a su esposa una foto de él con la leyenda de “de nada”. Ese es Elcana. En vez de decirle a Ana lo que debería decirle: “Tú eres para mí mejor que diez hijos”, ¿no es lo que debería decirle? Pues ese es el problema: que ella se está sintiendo menospreciada por la falta de hijos, y él le dice: “No, yo soy mejor que diez hijos para ti”.

Pero ¿qué es lo que necesita Ana realmente? Un esposo comprensivo, amoroso, que la apoye. Está tratando. Pero eso no es lo que ella necesita. Lo que ella necesita es llevar esto delante de Dios. Ana ora: aflicción, voto y entrega (1 Samuel 1:9–11)Por eso dice el versículo 9 que ahora Ana deja su pasividad —es todo lo que ha estado recibiendo año tras año tras año— y dice: “Ahora voy a hacer algo”. Dice el versículo 9: Ana se levantó después de haber comido y bebido, estando en Silo, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en la silla junto al poste de la puerta del templo del Señor. (Estas imágenes que nos da el autor son significativas, porque —como vamos a ver— Elí es demasiado pasivo en su sacerdocio.

Y esta imagen de Elí sentado es significativa de esa pasividad). Y ella, muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente. Entonces hizo voto y dijo: “Oh Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que me das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida, y nunca pasará navaja sobre su cabeza.” Ella está haciendo algo muy interesante aquí. En las palabras que usa —que Dios vea, escuche la aflicción de su sierva— está mostrando qué tipo de Dios es.

En Éxodo encontramos a una nación afligida y angustiada, amargada completamente por la opresión de Egipto, y dice que Dios escuchó la aflicción de su pueblo. Entonces Ana está regresando a ese momento de la historia y aplicándolo a ella misma, diciendo: “Yo sé que tú escuchas la aflicción de tu pueblo. Y yo soy tu sierva. Escucha mi aflicción.” Así como Israel levantó su voz en medio de la opresión de la esclavitud a los egipcios, de la misma manera yo levanto hoy mi voz y mi aflicción delante de ti para que me escuches. Eso es lo que está haciendo ella: está trayendo delante de Dios su situación.

Y de hecho, en 1 Samuel encontramos que todas estas historias juegan un papel representativo de lo que está pasando con la nación. Es decir, la experiencia de Ana refleja la experiencia de Israel en este momento. Y el que Dios conteste la oración de Ana tiene que ver con Dios contestando la aflicción de su pueblo: la situación de ellos, la crisis que ellos están viviendo como nación. Entonces, ¿cuál es la motivación de la oración de Ana? Tristeza y desesperación. Elí malinterpreta: “¿Hasta cuándo estarás ebria?” (1 Samuel 1:12–16) Dice el versículo 12: mientras ella continuaba en oración delante del Señor, Elí le estaba observando la boca.

Pero Ana hablaba en su corazón; solo sus labios se movían y su voz no se oía. Elí, pues, pensó que estaba ebria. Entonces Elí le dijo: “¿Hasta cuándo estarás embriagada? Quita de ti tu vino.”Miren: Elí… vamos a ver más adelante lo que está pasando aquí en el tabernáculo, en Silo. Y Elí está acostumbrado a que entren borrachos al tabernáculo. Eso es lo que ve comúnmente. Y Elí tiene tan poco discernimiento que no sabe discernir entre lo que está acostumbrado a ver y una mujer que genuinamente está viniendo delante de Dios, poniendo su corazón delante de Dios. Esa es la clase de liderazgo que tiene ahorita Israel: una falta de discernimiento entre algo genuino y un abuso.

Y lo que contesta Ana es (versículo 15): “No, señor mío; soy una mujer angustiada en espíritu. No he bebido vino ni licor. Yo sé que mucha gente, si se siente en crisis o en desesperación, acude al alcohol; pero esa no es mi situación. Yo estoy derramando mi alma delante del Señor.” Y el versículo 16: “No tenga a su sierva por mujer indigna; hasta ahora he estado orando a causa de mi gran congoja y aflicción.” Es interesante que ella dice que él no la tenga por mujer indigna, porque de hecho cuando lleguemos (el próximo domingo) al versículo 12 del capítulo 2, vamos a encontrar que los que son indignos en realidad son los hijos de Elí. Así es como son descritos: están ahí como sacerdotes en el tabernáculo haciendo cosas que no deben hacer. Ellos son los indignos, y Elí está más preocupado por esta mujer que piensa que está borracha. El contraste que el autor de 1 Samuel quiere que veamos es entre una mujer que genuinamente está buscando a Dios y hombres que no conocen a Dios.

La motivación de Ana: conoce a su Dios (soberanía, compasión, historia) ¿Qué es lo que motiva la oración de Ana? Esa es la pregunta que queremos hacernos. Ella conoce a su Dios. Ella sabe qué clase de Dios es. Y la primera cosa que ella sabe con respecto a Dios es que Dios es soberano en la vida de su pueblo. La razón por la cual ella no tiene hijos es por el Señor. Él es soberano sobre si ella tiene hijos o no. De hecho, Penina le dice eso: “El Señor no le había dado hijos.” Y ella entiende que también el Señor no le había dado hijos. Elcana lo entiende, Ana lo entiende, Penina lo entiende: Dios es soberano.

Entonces ella no viene culpando a Dios, diciendo: “Ah, Señor, yo no voy a creer en ti si tú no me das lo que yo quiero.” No. Ella viene y le dice: “Yo sé que tú tienes el control sobre esto, y que es por tu mano que esto está sucediendo. Yo simplemente quiero traer delante de ti la angustia, la aflicción y la tristeza de mi corazón.”Como un bebé que llora, porque sabe que cuando llora viene su mamá a darle de comer. Sabe que hay un problema, y tiene absoluta dependencia. De la misma manera, Ana está viniendo delante de Dios. Y ella no nada más cree que Dios es soberano: cree que Dios mira la aflicción de su pueblo, y también cree que Dios está actuando en la historia de su pueblo.

Y como ella cree que Dios está actuando en la vida de su pueblo, por eso es que ofrece a Samuel. Si Dios le da un hijo, se lo va a entregar a Dios para que él forme parte activa de lo que Dios está haciendo a través de los líderes religiosos de su pueblo. Es decir: “Que él sirva de parte de tu plan, Señor.” “No quiero tener un hijo nada más para mí: para que me cuide cuando esté viejita y nada más para que Penina me deje de molestar. No. Yo quiero un hijo para que forme parte de lo que tú estás haciendo.” Hace una referencia aquí al voto nazareo (Números 6). Y acaba de suceder algo cercano a esta historia (Jueces 13), la historia de Sansón.

Ahí también encontramos la frase: “Había un hombre…”, y es el papá de Sansón. ¿Y cuál es la promesa? Nazareo: no se va a cortar el pelo, se va a abstener de alcohol, no puede tocar nada muerto. Claro, Sansón violó esos votos durante su vida, pero ellos conocen esa historia. Y Ana entiende cómo Dios puede usar a alguien dentro de la historia de Israel, y ella quiere que su hijo sea eso: “Yo quiero que mi hijo forme parte del plan redentivo que Dios está desarrollando en su pueblo.” Normalmente estos votos se hacían temporalmente, por un periodo de tiempo, pero en este caso —tanto con Sansón como ahora con Samuel— va a ser un voto permanente, por toda la vida. Resultado inmediato: paz antes de la respuesta (1 Samuel 1:17–18) Vean el versículo 17. Elí le dice: “Ve en paz.” Elí era un mal líder, un mal sumo sacerdote, pero de alguna manera es a través del cual Dios está hablando. Y de hecho aquí Dios iba a hablar a través de él hacia Ana. Dice: “Ve en paz, y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho.” Aquí Elí está hablando proféticamente sobre lo que va a pasar, aunque Ana no sabe.

Y ella simplemente dice: “Halle su sierva gracia ante sus ojos.”Aquí es muy interesante ver el hebreo durante toda esta historia, porque hay un juego de palabras. Ustedes saben: Ana significa “gracia”. Entonces dice, en efecto: “Gracia… yo… gracia.” Que mi nombre sea la experiencia que yo reciba de parte de Dios. Entonces la mujer se puso en camino, comió y ya no estaba triste su semblante. ¿Cuál es el resultado de su oración? ¿Está embarazada Ana aquí? No. Todavía no tiene un hijo. Podríamos pensar que lo natural sería: Ana no tenía hijo, le pide a Dios, se embaraza y ahora está gozosa.

Pero no: el orden es que Ana no tiene hijos, le pide a Dios un hijo y está gozosa; luego se embaraza. Lo cual significa que Ana encuentra consuelo en simplemente haber traído esto delante de Dios y confiar en que Dios —lo que sea que haga— está bien. “Yo ya lo puse delante de Él. Ya traje mi aflicción delante de Él.” El resultado es gozo y paz. Y esto es exactamente lo que encontramos en Filipenses 4:6: “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios…” Y antes de que Dios conteste: “La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.” No necesitamos que Dios responda para tener paz.

Podemos tener paz antes de que Dios responda a nuestras oraciones. Dios “se acordó”: respuesta y cumplimiento (1 Samuel 1:1923) A la mañana siguiente se levantaron bien temprano, adoraron delante del Señor y regresaron de nuevo a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana, su mujer, y el Señor se acordó de ella. ¿Se le había olvidado que existía? No. Cada vez que encontramos esta frase de que Dios “se acordó” de alguien, es porque Dios está preparado para hacer algo especial en la vida de alguien.

Esto pasó con Noé, con Abraham, y con otros personajes a lo largo de la historia redentiva. Cuando dice eso, algo increíble va a pasar: Dios va a hacer su voluntad a través de estas personas, y a su debido tiempo. Después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, diciendo: “Porque se lo he pedido al Señor.” Samuel significa algo así como “Dios es su nombre”. Dios es su nombre, y yo se lo pedí a Él. Subió Elcana con toda su casa a ofrecerle al Señor el sacrificio anual y a pagar su voto.

Pero Ana no subió; dijo a su marido: “No subiré hasta que el niño sea destetado; entonces lo llevaré para que se presente delante del Señor y se quede ahí para siempre.”Elcana le dijo: “Haz lo que mejor te parezca… solamente confirme el Señor su palabra.” “Confirme el Señor su palabra.” ¿No te dio ya un hijo? Creo que tanto Elcana como Ana saben que Dios va a hacer algo especial con este niño. Ese lenguaje es el lenguaje del pacto: que Dios haga lo que Él quiere hacer en esta nación, porque Él ha prometido que va a hacer algo en esta nación. Entonces: “Haz lo que tengas que hacer, y confiaremos en que Dios usará a este niño dentro de su plan.” Ana cumple su voto: “Lo que pedí, lo doy” (1 Samuel 1:2428) Ana se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó.

Después de haberlo destetado, llevó consigo al niño y lo trajo a la casa del Señor en Silo, aunque el niño era pequeño. También llevó un novillo de tres años (otras versiones dicen tres novillos), un efa de harina y un odre de vino. Es una ofrenda extremadamente generosa. Entonces sacrificaron el novillo y trajeron el niño a Elí. “¡Oh señor mío!”, dijo Ana, “vive su alma, señor mío: yo soy la mujer que estuvo aquí junto a usted orando al Señor.

Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Por lo cual yo también lo he dedicado al Señor; todos los días de su vida estará dedicado al Señor.” Hay algo interesante aquí: las palabras que usa no se perciben bien en español, pero es un juego de palabras, porque tanto la palabra para “dedicar/dar” como la palabra para “pedir” es la misma en hebreo. Entonces está diciendo la misma palabra: “Lo que pedí, lo doy.” O: “Lo que me ha sido dado, doy.” Samuel es una palabra que más o menos suena como “el que ha sido dado”. Pero, ¿saben qué otro nombre es más preciso para “el que ha sido dado”? Saúl. Eso significa. Y es interesante pensar que Samuel, Saúl y David son los personajes centrales de esta historia. Samuel fue dado como respuesta a la petición de Ana: “Dame un hijo.” Saúl fue dado como respuesta a la petición del pueblo: “Danos un rey.” Y lo que vamos a descubrir más adelante es: ¿quién pidió a David? ¿Por qué fue dado David en esta historia? (Pero ya me estoy adelantando.)

Un principio: Dios recibe solo lo que Él mismo da El resultado de la oración es un hijo. Pero recuerden: no es que Ana negoció con Dios, como si dijera: “Si tú me das lo que yo quiero, yo te doy algo a cambio.” No. Es el verdadero corazón de Ana: que lo que sea que Dios le dé —si es un hijo, que es el deseo de su corazón— no va a ser para ella, va a ser para Dios y para sus propósitos y planes. Esto nos muestra un principio muy importante, hermanos: no hay nada que Dios pueda recibir que no nos haya dado primero. Nada. Lo único que hacemos en toda la vida cristiana, en todo nuestro servicio, en todo nuestro amor, en todo lo que hacemos día tras día por Dios, es algo que Él nos dio para empezar. ¿Ana, “es de ella” realmente este hijo?

No: es de Dios. Dios se lo dio. No hay nada de lo que ella se pueda jactar. Y ese es el caso de cada uno de nosotros que hemos puesto nuestra fe en Dios. Decimos: “No era mi fe que yo pude producir… no: Dios me dio lo que ahora yo le doy para ser salvo.” Dios empezó la obra. Yo solamente estoy reaccionando ante lo que Dios hace y Dios da. Esa es la esencia de nuestra salvación: todo es de Dios y para Dios. Él es el único digno de recibir la gloria por todo lo que hay en nuestra vida. No podemos decir: “Conste, yo te lo estoy dando; era mío.” Lo que Dios nos da es lo que tenemos: lo único que tenemos para ofrecerle. Ana no busca venganza: busca glorificar a Dios Ana no está tratando de vengarse de Penina.

Esto no surge de un corazón amargado hacia la otra esposa. Este es un deseo genuino de honrar y glorificar a Dios en su vida: “Yo quiero formar parte de tu plan, Señor.” Penina tiene otra visión diferente sobre la vida. Ella piensa: “La bendición de Dios está directamente conectada con cuánto tienes. Mira, yo tengo mucho; tú no tienes nada; claramente Dios me quiere más a mí.” Pero ahora, vean lo que dice el capítulo 2. Esto es muy importante. La oración de Ana: adoración que transforma (1 Samuel 2:1–10) Samuel se queda ahí. Ahora Samuel va a adorar a Dios en el tabernáculo. De él está hablando al final del versículo 28: “Y adoró ahí al Señor.” Pero ahora el autor de 1 Samuel nos quiere mostrar el corazón de Ana.

Y esta es la oración de adoración. Entonces Ana oró y dijo:“Mi corazón se regocija en el Señor; mi fortaleza en el Señor se exalta; mi boca habla sin temor contra mis enemigos, por cuanto me regocijo en tu salvación. No hay santo como el Señor; en verdad no hay otro fuera de ti; ni hay roca como nuestro Dios. No se jacten más ustedes con tanto orgullo; no salga la arrogancia de su boca, porque el Señor es Dios de sabiduría, y por Él son pesadas las acciones. Quebrados son los arcos de los fuertes, pero los débiles se ciñen de poder. Los que estaban saciados se alquilan por pan y dejan de tener hambre; los que estaban hambrientos… Aun la estéril da a luz a siete, pero la que tiene muchos hijos desfallece.

El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir. El Señor empobrece y enriquece; humilla y también exalta. Levanta del polvo al pobre; del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes y heredar un sitio de honor. Pues las columnas de la tierra son del Señor, y sobre ellas ha colocado el mundo. Él guarda los pies de sus santos, pero los malvados son acallados en tinieblas, pues no por la fuerza prevalecerá el hombre. Los que se oponen al Señor serán quebrantados; Él tronará desde los cielos contra ellos. El Señor juzgará los confines de la tierra; dará fortaleza a su rey y ensalzará el poder de su ungido.” Esa es la oración de Ana. Es el resultado de haber sido transformada por contemplar la clase de Dios que ella tiene.Y este es el principio, hermanos: la adoración nos transforma. Somos transformados y adoramos, y como consecuencia somos transformados, y como consecuencia adoramos. ¿Entienden ese ciclo? Vengo delante de Dios, contemplo quién es Él, descanso en Él; Él me transforma; como resultado lo adoro. Y cuando lo adoro, Él me sigue transformando.

Y así, y así, y así sigue la vida cristiana, hasta que lleguemos ante su presencia. Y cuando lleguemos ante su presencia, la adoración simplemente se va a intensificar aún más. Adoración es transformación. Y como dice un teólogo: adoramos lo que contemplamos y nos convertimos en lo que adoramos. Lo que Ana reconoce en su adoración Esto refleja la transformación de Ana. 1. 2. Adora a Dios por quién es Él, por su salvación, por su victoria. Dice: “Me regocijo en tu salvación.” Está hablando de haber tenido un hijo, y habla de salvación. Ana está pensando en la historia de Israel, lo que Dios ha hecho, cómo Él ha salvado a su pueblo. Reconoce sus atributos: • “No hay santo como el Señor”: Dios es santo. • “No hay roca como nuestro Dios”: Dios es fiel. • Y también que Dios es justo en su juicio. 3. Reconoce que Dios levanta al humilde y humilla al fuerte. Reconoce que Dios hace parte a su pueblo de una historia más grande, y por eso dice: “El Señor juzgará los confines de la tierra.”

Temas centrales del libro: no por fuerza, sino por Dios Esta oración contiene todos los temas del libro. Lo que ella está orando lo vamos a encontrar una y otra vez a lo largo de toda la historia: Dios levantando a alguien que parecía insignificante —a lo mejor un pastorcito— para llegar a ser rey; y Dios humillando a alguien que rebasaba por toda una cabeza a todo el pueblo, y Él lo va a humillar. Después, en 2 Samuel, David va a decir: “Cómo han caído los valientes.” Vean lo que dice el versículo 9: “Pues no por la fuerza prevalecerá el hombre.” Este es el tema de Samuel: no por la fuerza prevalecerá el hombre. Es el poder de Dios el único que realmente afecta de una manera profunda el destino de su pueblo.

Y toda esta imagen de humillar al fuerte y levantar al despreciado y humilde… de hecho es la imagen del evangelio. Eso es lo que hace el evangelio: confronta al orgulloso y lo humilla —“No hay ni uno bueno… ni siquiera uno… no hay quien busque a Dios…”— y cuando ya hemos sido humillados, Dios nos levanta con su gracia. Ana anticipa al Mesías: “dará fortaleza a su rey” (1 Samuel 2:10) Versículo 10: Ana está anticipando y profetizando algo que todavía no ha sucedido. Esto es muy significativo: “Dará fortaleza a su rey y ensalzará el poder de su ungido.” Esta es la primera vez que la palabra “ungido” aparece en relación al rey. Es la palabra para Mesías, y en griego es Cristo. Recuerden: todavía no hay rey. Y Ana está diciendo: “Sí, sí viene un rey. Viene un rey. Dios tiene a su rey.” Y es significativo cuando, en el Nuevo Testamento, María —que no es que sea estéril; tiene una situación aún más difícil: es virgen— muestra claramente que es Dios haciendo una obra sobrenatural. Y ella hace una oración que es un eco de la oración de Ana. Dice: “Ha ayudado a Israel su siervo… ha mirado a su sierva.”

Es la misma expresión que usa Ana. Ana marca el comienzo de la ascensión de David a su trono. Y María marca el comienzo de la ascensión de Jesús a su trono. Jesús sufriría la humillación más profunda —más profunda que la de Ana— y aceptaría el plan de Dios Padre para ser fuente de redención para su pueblo. Y de ese punto de humillación, como dice Filipenses 2, se humilló hasta lo sumo, pero ahora Dios lo exaltó para que su nombre sea sobre todo nombre; y al nombre de Jesús se doble toda rodilla. Esto es la oración de Ana.

Conclusión: el Rey que necesitamos la pregunta, hermanos, es: ¿es el Rey que Dios ha provisto el Rey que realmente anhelamos? No sé si es el Rey que anhelamos… pero es el Rey que necesitamos. Él es el Rey que necesitamos. Y de eso se trata 1 Samuel. Oración finalGracias, Señor, por tu palabra. Y gracias porque, a través de ella, nos apuntas hacia la obra de Cristo y tu plan siendo desarrollado para tu gloria y para tu honra. Ayúdanos, Señor, en este proceso, a verte a ti y a ver nuestra necesidad de ti. En nombre de Cristo Jesús, AménIntroducción: ¿Qué lugar tiene 1 Samuel en la historia redentiva?

Vamos a empezar con el libro de 1 Samuel. Y como iglesia, juntos, vamos a tratar de entender el lugar que este libro tiene —junto con 2 Samuel— en la historia redentiva, y cómo eso es importante y relevante para nosotros: entender el rol que juegan diferentes personajes aquí para cumplir con el plan de Dios. No nada más para su pueblo Israel, sino para toda la humanidad. Entonces, el tema que vamos a estar pensando juntos en relación a 1 Samuel —y esto va a estar conectado con todos los sermones de 1 Samuel— es la idea de que necesitamos un rey. Necesitamos un rey. Contexto: Del libro de Jueces a la necesidad de un rey 1 Samuel viene dentro de un contexto histórico para Israel que sale del libro de Jueces. Jueces es ese contexto histórico donde se desarrolla 1 Samuel.

Como ustedes saben, el libro de Jueces nos muestra tiempos muy difíciles para los judíos, especialmente porque se alejan de Dios: Dios manda naciones a oprimirlos, claman a Dios, Dios levanta un juez y entonces son rescatados; pero después pasan unas generaciones y vuelven a caer en lo mismo. Otra vez se alejan del Señor, caen en idolatría, y así el ciclo se va dando una y otra vez a lo largo de todo el libro de Jueces. El resumen principal que nos da Jueces sobre la condición de Israel es: “Cada quien hacía lo que bien le parecía.” Cada quien hacía lo que bien le parecía.

Y creo que cuando creamos nuestra propia moralidad, empezamos a ver una sociedad y una cultura diferente, en decadencia; pero especialmente vemos separación de Dios y el juicio de Dios que viene como resultado de nuestro pecado y nuestra idolatría: cosas que tienen que ver con buscar algo que no es Dios, que sustituya el lugar que Dios debería tener en nuestras vidas. Pero el tema con el que empieza realmente 1 Samuel es este: esta es la época de los jueces. El liderazgo en Israel es débil. Es un liderazgo corrompido. Es un liderazgo que no está siendo realmente algo que lleve a la nación a buscar a Dios. Y la nación se siente perdida en cuanto a este liderazgo. Los jueces de repente eran levantados, pero desaparecían. No hay rey en Israel. Y entonces 1 Samuel sirve como una transición de la época de jueces a reyes, donde ahora va a ser una posición que se hereda, donde va a haber una sucesión de acuerdo a una dinastía, a una familia.

El comienzo del relato: “Había un hombre…” (1 Samuel 1:1)Entonces, empezamos en 1 Samuel con lo que nos dice el versículo 1. Tengan esto en mente: este es el contexto, no hay rey, no hay líder. Y de hecho Dios siempre ha levantado a alguien que pueda liderar a la nación. Entonces, cuando empieza 1 Samuel y dice: “Había un hombre de Ramataim de Sofim, de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Elcana…”, de repente puedes empezar a tener esperanza: “Hay un hombre que Dios está levantando. ¿Es él? ¿Es él el que va a dirigir a Israel? ¿Es él el que va a poder ser un líder digno y justo?” Dice: “Hijo de Eliú, hijo de Tou, hijo de Suf, el efrateo”. Pero cuando nos da la genealogía de Elcana, nos damos cuenta que realmente no hay nada significativo acerca de él. Es una comunidad rural; es un hombre que no está realmente conectado a nada importante.

Excepto hay una pista que va a ser importante en el desarrollo de la historia de redención: que él viene de una familia que es de Efrata. Y “Efrata” está conectado con qué ciudad: Belén. Aquí hay una conexión importante de lo que Dios está haciendo a través de Elcana. Y cuando tú piensas que es Elcana el que realmente Dios está levantando, de repente el panorama empieza a cambiar de enfoque en la narración. Un drama familiar: Ana y Penina (1 Samuel 1:2–7) Dice el versículo 2: Elcana tenía dos mujeres. (Y por cierto: la poligamia en el Antiguo Testamento —recuerden esto— es descriptivo, no prescriptivo.

Dios nunca mandó esto, pero esto es lo que está sucediendo en este contexto, y vamos a entender por qué tiene dos mujeres). El nombre de una era Ana y el de la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía. Todos los años aquel hombre subía de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificio al Señor de los ejércitos en Silo. Ahí los dos hijos de Elí —Ofni y Finees— eran sacerdotes del Señor. (Esto también es un detalle que va a regresar y lo vamos a estar viendo el próximo domingo, pero por ahora se señala como parte de la historia: estos son los sacerdotes; Elí es el sumo sacerdote).

Dice el versículo 4: cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a Penina, su mujer, y a todos sus hijos e hijas; pero a Ana le daba una doble porción, pues él amaba a Ana, aunque el Señor no le había dado hijos. Su rival, Penina, la provocaba amargamente para irritarla, porque el Señor no le había dado hijos. Esto sucedía año tras año. Siempre que ella subía a la casa del Señor, Penina la provocaba; por lo que Ana lloraba y no comía. Entonces tenemos un drama. De repente el enfoque cambia hacia las esposas de Elcana, y es un drama familiar terrible. Como vemos esto de la poligamia: no es buena idea. Por si están pensando: “Ay sí, qué bonito tener dos esposas”… esto va a pasar. Me recordaba “Dos mujeres, un camino”. Si tienen mi edad, saben a qué me refiero.Parece ser que Ana es la primera esposa.

Entonces Ana es la primera esposa, pero no puede tener hijos. Ahora, esta es una sociedad en donde es sumamente importante tener hijos, por varias razones, y esto nos va a llevar a ver cuál es la motivación de la oración de Ana. Había muchas razones por las cuales era importante tener hijos. 1. 2. 3. Era una sociedad agraria, donde el trabajo físico era tan importante. Tener hijos representaba una gran ayuda para cualquier familia: “Ellos me van a ayudar a trabajar.” Yo tengo a mis hijos trabajando para mí ahí en el estudio. No es la única razón por la que tuve hijos, pero sí me ayudan. No había planes de jubilación en ese tiempo. Entonces piensas: “Mis hijos me van a cuidar cuando ya esté viejo.” Este era el plan de respaldo para alguien que está pensando llegar a una edad en la que necesita cuidado. Y también como nación, Israel. A lo largo de toda la ley mosaica se hace una conexión entre el tener hijos y la bendición de Dios. Entonces, para la nación es importante que las mujeres tengan hijos.

La nación depende de eso: los ejércitos y la manera en que la nación puede crecer y avanzar y prosperar es en base a los hijos que cada una de las familias tenga. Entonces es una gran deshonra culturalmente en este momento que una mujer no pueda tener hijos. Y la historia se muestra de tal manera que, como Ana es la primera esposa, parece ser que Elcana se da cuenta de que ya no puede tener hijos. Como no puede tener hijos, por eso se casa con Penina: para tener hijos, porque quiere herencia, quiere un linaje que venga detrás de él. Entonces Penina, pues claro, se siente despreciada. Probablemente se da cuenta de que Elcana prefiere a Ana. Y esto es lo que causa esa rivalidad entre ellas. Y Penina significa “fructífera”. Ana significa “favorecida” o “gracia”. Eso significa Ana. Entonces me imagino a Penina burlándose de Ana, diciéndole: “Sí, favorecida… Dios no te está dando hijos. Eso es lo que significa tu nombre: favorecida.” Y esto una y otra y otra vez, año tras año. Elcana es un hombre que busca honrar a Dios. Lleva a su familia a Silo a hacer los sacrificios cada año. Pero cada año se da esta tensión entre ellos.

Y aquí explica que, cuando se sientan a comer, hay diferentes traducciones con respecto a esto: en una, le da una porción a Ana; en otra, le da doble porción. Pero el punto es que a Penina le da una porción de acuerdo a sus hijos: “A ver, a ti te toca esta comida, y como tienes todos estos hijos, también te toca comida para todos estos hijos.” Y Ana… no estamos seguros cuál de los dos es, pero de todas maneras la porción que le da a Ana la confronta con lo mismo. Aunque le dé el doble, si suponemos que esa versión es correcta, entonces le da doble porción y dice: “Bueno, te doy otra porción”, pero ¿quién se la va a comer? Ana dice: “Pues nada más soy una”. Y entonces esa doble porción es un recordatorio de los hijos que no tiene. Por eso está tan triste. Por eso se siente tan desesperada. No sabe qué hacer. Y literalmente dice que Penina le causa una tormenta.

Ese es el concepto en hebreo: le trae una tormenta, como en un huracán, estar atrapado en una situación donde está soplando el viento, está cayendo la lluvia sobre ella. Esa es la idea detrás de lo que dice que la irrita. Pero Penina tiene toda la razón cuando dice: “El Señor no le había dado hijos”. Elcana no entiende: “¿No soy yo mejor que diez hijos?” (1 Samuel 1:8) Encima de eso, vean lo que dice el versículo 8. Elcana la ama. Y Elcana, su marido, le dice: “Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón?” Ya me imagino a Ana volteando a ver a Elcana: “¿En serio? ¿Me acabas de preguntar por qué estoy triste? ¿No sabes esta situación, mi querido Elcanita?” Puede sentirse la frustración de Ana aquí. Y muchos matrimonios podemos sentirnos identificados con esta situación: el esposo no entiende los sentimientos de su esposa, y trata de ayudarle… y no le está ayudando. Que sea de ánimo, esposas, si sienten que sus esposos no las entienden en sus sentimientos: esto tiene tres mil años sucediendo. Y todavía encima de eso, le dice: “¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?” Se dan cuenta: está tratando de ayudar y no está ayudando.

Me parece interesante que lo ponga así como: “Mira qué regalazo te dio Dios en mí”. Me imagino a este hombre como el tipo de esposo que para el aniversario de bodas le regala a su esposa una foto de él con la leyenda de “de nada”. Ese es Elcana. En vez de decirle a Ana lo que debería decirle: “Tú eres para mí mejor que diez hijos”, ¿no es lo que debería decirle? Pues ese es el problema: que ella se está sintiendo menospreciada por la falta de hijos, y él le dice: “No, yo soy mejor que diez hijos para ti”. Pero ¿qué es lo que necesita Ana realmente? Un esposo comprensivo, amoroso, que la apoye. Está tratando. Pero eso no es lo que ella necesita. Lo que ella necesita es llevar esto delante de Dios. Ana ora: aflicción, voto y entrega (1 Samuel 1:9–11)Por eso dice el versículo 9 que ahora Ana deja su pasividad —es todo lo que ha estado recibiendo año tras año tras año— y dice: “Ahora voy a hacer algo”. Dice el versículo 9: Ana se levantó después de haber comido y bebido, estando en Silo, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en la silla junto al poste de la puerta del templo del Señor. (Estas imágenes que nos da el autor son significativas, porque —como vamos a ver— Elí es demasiado pasivo en su sacerdocio. Y esta imagen de Elí sentado es significativa de esa pasividad). Y ella, muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente.

Entonces hizo voto y dijo: “Oh Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que me das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida, y nunca pasará navaja sobre su cabeza.” Ella está haciendo algo muy interesante aquí. En las palabras que usa —que Dios vea, escuche la aflicción de su sierva— está mostrando qué tipo de Dios es. En Éxodo encontramos a una nación afligida y angustiada, amargada completamente por la opresión de Egipto, y dice que Dios escuchó la aflicción de su pueblo. Entonces Ana está regresando a ese momento de la historia y aplicándolo a ella misma, diciendo: “Yo sé que tú escuchas la aflicción de tu pueblo. Y yo soy tu sierva. Escucha mi aflicción.”

Así como Israel levantó su voz en medio de la opresión de la esclavitud a los egipcios, de la misma manera yo levanto hoy mi voz y mi aflicción delante de ti para que me escuches. Eso es lo que está haciendo ella: está trayendo delante de Dios su situación. Y de hecho, en 1 Samuel encontramos que todas estas historias juegan un papel representativo de lo que está pasando con la nación. Es decir, la experiencia de Ana refleja la experiencia de Israel en este momento. Y el que Dios conteste la oración de Ana tiene que ver con Dios contestando la aflicción de su pueblo: la situación de ellos, la crisis que ellos están viviendo como nación. Entonces, ¿cuál es la motivación de la oración de Ana? Tristeza y desesperación. Elí malinterpreta: “¿Hasta cuándo estarás ebria?” (1 Samuel 1:12–16) Dice el versículo 12: mientras ella continuaba en oración delante del Señor, Elí le estaba observando la boca. Pero Ana hablaba en su corazón; solo sus labios se movían y su voz no se oía. Elí, pues, pensó que estaba ebria. Entonces Elí le dijo: “¿Hasta cuándo estarás embriagada? Quita de ti tu vino.”Miren: Elí… vamos a ver más adelante lo que está pasando aquí en el tabernáculo, en Silo. Y Elí está acostumbrado a que entren borrachos al tabernáculo.

Eso es lo que ve comúnmente. Y Elí tiene tan poco discernimiento que no sabe discernir entre lo que está acostumbrado a ver y una mujer que genuinamente está viniendo delante de Dios, poniendo su corazón delante de Dios. Esa es la clase de liderazgo que tiene ahorita Israel: una falta de discernimiento entre algo genuino y un abuso. Y lo que contesta Ana es (versículo 15): “No, señor mío; soy una mujer angustiada en espíritu. No he bebido vino ni licor. Yo sé que mucha gente, si se siente en crisis o en desesperación, acude al alcohol; pero esa no es mi situación. Yo estoy derramando mi alma delante del Señor.” Y el versículo 16: “No tenga a su sierva por mujer indigna; hasta ahora he estado orando a causa de mi gran congoja y aflicción.” Es interesante que ella dice que él no la tenga por mujer indigna, porque de hecho cuando lleguemos (el próximo domingo) al versículo 12 del capítulo 2, vamos a encontrar que los que son indignos en realidad son los hijos de Elí.

Así es como son descritos: están ahí como sacerdotes en el tabernáculo haciendo cosas que no deben hacer. Ellos son los indignos, y Elí está más preocupado por esta mujer que piensa que está borracha. El contraste que el autor de 1 Samuel quiere que veamos es entre una mujer que genuinamente está buscando a Dios y hombres que no conocen a Dios. La motivación de Ana: conoce a su Dios (soberanía, compasión, historia) ¿Qué es lo que motiva la oración de Ana? Esa es la pregunta que queremos hacernos. Ella conoce a su Dios. Ella sabe qué clase de Dios es. Y la primera cosa que ella sabe con respecto a Dios es que Dios es soberano en la vida de su pueblo. La razón por la cual ella no tiene hijos es por el Señor. Él es soberano sobre si ella tiene hijos o no. De hecho, Penina le dice eso: “El Señor no le había dado hijos.” Y ella entiende que también el Señor no le había dado hijos. Elcana lo entiende, Ana lo entiende, Penina lo entiende: Dios es soberano.

Entonces ella no viene culpando a Dios, diciendo: “Ah, Señor, yo no voy a creer en ti si tú no me das lo que yo quiero.” No. Ella viene y le dice: “Yo sé que tú tienes el control sobre esto, y que es por tu mano que esto está sucediendo. Yo simplemente quiero traer delante de ti la angustia, la aflicción y la tristeza de mi corazón.”Como un bebé que llora, porque sabe que cuando llora viene su mamá a darle de comer. Sabe que hay un problema, y tiene absoluta dependencia. De la misma manera, Ana está viniendo delante de Dios. Y ella no nada más cree que Dios es soberano: cree que Dios mira la aflicción de su pueblo, y también cree que Dios está actuando en la historia de su pueblo. Y como ella cree que Dios está actuando en la vida de su pueblo, por eso es que ofrece a Samuel. Si Dios le da un hijo, se lo va a entregar a Dios para que él forme parte activa de lo que Dios está haciendo a través de los líderes religiosos de su pueblo. Es decir: “Que él sirva de parte de tu plan, Señor.” “No quiero tener un hijo nada más para mí: para que me cuide cuando esté viejita y nada más para que Penina me deje de molestar. No. Yo quiero un hijo para que forme parte de lo que tú estás haciendo.” Hace una referencia aquí al voto nazareo (Números 6). Y acaba de suceder algo cercano a esta historia (Jueces 13), la historia de Sansón.

Ahí también encontramos la frase: “Había un hombre…”, y es el papá de Sansón. ¿Y cuál es la promesa? Nazareo: no se va a cortar el pelo, se va a abstener de alcohol, no puede tocar nada muerto. Claro, Sansón violó esos votos durante su vida, pero ellos conocen esa historia. Y Ana entiende cómo Dios puede usar a alguien dentro de la historia de Israel, y ella quiere que su hijo sea eso: “Yo quiero que mi hijo forme parte del plan redentivo que Dios está desarrollando en su pueblo.” Normalmente estos votos se hacían temporalmente, por un periodo de tiempo, pero en este caso —tanto con Sansón como ahora con Samuel— va a ser un voto permanente, por toda la vida. Resultado inmediato: paz antes de la respuesta (1 Samuel 1:17–18) Vean el versículo 17. Elí le dice: “Ve en paz.” Elí era un mal líder, un mal sumo sacerdote, pero de alguna manera es a través del cual Dios está hablando.

Y de hecho aquí Dios iba a hablar a través de él hacia Ana. Dice: “Ve en paz, y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho.” Aquí Elí está hablando proféticamente sobre lo que va a pasar, aunque Ana no sabe. Y ella simplemente dice: “Halle su sierva gracia ante sus ojos.”Aquí es muy interesante ver el hebreo durante toda esta historia, porque hay un juego de palabras. Ustedes saben: Ana significa “gracia”. Entonces dice, en efecto: “Gracia… yo… gracia.” Que mi nombre sea la experiencia que yo reciba de parte de Dios. Entonces la mujer se puso en camino, comió y ya no estaba triste su semblante. ¿Cuál es el resultado de su oración? ¿Está embarazada Ana aquí? No. Todavía no tiene un hijo. Podríamos pensar que lo natural sería: Ana no tenía hijo, le pide a Dios, se embaraza y ahora está gozosa. Pero no: el orden es que Ana no tiene hijos, le pide a Dios un hijo y está gozosa; luego se embaraza

. Lo cual significa que Ana encuentra consuelo en simplemente haber traído esto delante de Dios y confiar en que Dios —lo que sea que haga— está bien. “Yo ya lo puse delante de Él. Ya traje mi aflicción delante de Él.” El resultado es gozo y paz. Y esto es exactamente lo que encontramos en Filipenses 4:6: “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios…” Y antes de que Dios conteste: “La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.” No necesitamos que Dios responda para tener paz. Podemos tener paz antes de que Dios responda a nuestras oraciones. Dios “se acordó”: respuesta y cumplimiento (1 Samuel 1:1923) A la mañana siguiente se levantaron bien temprano, adoraron delante del Señor y regresaron de nuevo a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana, su mujer, y el Señor se acordó de ella. ¿Se le había olvidado que existía? No.

Cada vez que encontramos esta frase de que Dios “se acordó” de alguien, es porque Dios está preparado para hacer algo especial en la vida de alguien. Esto pasó con Noé, con Abraham, y con otros personajes a lo largo de la historia redentiva. Cuando dice eso, algo increíble va a pasar: Dios va a hacer su voluntad a través de estas personas, y a su debido tiempo. Después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, diciendo: “Porque se lo he pedido al Señor.” Samuel significa algo así como “Dios es su nombre”. Dios es su nombre, y yo se lo pedí a Él.

Subió Elcana con toda su casa a ofrecerle al Señor el sacrificio anual y a pagar su voto. Pero Ana no subió; dijo a su marido: “No subiré hasta que el niño sea destetado; entonces lo llevaré para que se presente delante del Señor y se quede ahí para siempre.”Elcana le dijo: “Haz lo que mejor te parezca… solamente confirme el Señor su palabra.” “Confirme el Señor su palabra.” ¿No te dio ya un hijo? Creo que tanto Elcana como Ana saben que Dios va a hacer algo especial con este niño. Ese lenguaje es el lenguaje del pacto: que Dios haga lo que Él quiere hacer en esta nación, porque Él ha prometido que va a hacer algo en esta nación. Entonces: “Haz lo que tengas que hacer, y confiaremos en que Dios usará a este niño dentro de su plan.” Ana cumple su voto: “Lo que pedí, lo doy” (1 Samuel 1:2428) Ana se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó. Después de haberlo destetado, llevó consigo al niño y lo trajo a la casa del Señor en Silo, aunque el niño era pequeño. También llevó un novillo de tres años (otras versiones dicen tres novillos), un efa de harina y un odre de vino. Es una ofrenda extremadamente generosa.

Entonces sacrificaron el novillo y trajeron el niño a Elí. “¡Oh señor mío!”, dijo Ana, “vive su alma, señor mío: yo soy la mujer que estuvo aquí junto a usted orando al Señor. Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Por lo cual yo también lo he dedicado al Señor; todos los días de su vida estará dedicado al Señor.” Hay algo interesante aquí: las palabras que usa no se perciben bien en español, pero es un juego de palabras, porque tanto la palabra para “dedicar/dar” como la palabra para “pedir” es la misma en hebreo. Entonces está diciendo la misma palabra: “Lo que pedí, lo doy.” O: “Lo que me ha sido dado, doy.” Samuel es una palabra que más o menos suena como “el que ha sido dado”.

Pero, ¿saben qué otro nombre es más preciso para “el que ha sido dado”? Saúl. Eso significa. Y es interesante pensar que Samuel, Saúl y David son los personajes centrales de esta historia. Samuel fue dado como respuesta a la petición de Ana: “Dame un hijo.” Saúl fue dado como respuesta a la petición del pueblo: “Danos un rey.” Y lo que vamos a descubrir más adelante es: ¿quién pidió a David? ¿Por qué fue dado David en esta historia? (Pero ya me estoy adelantando.) Un principio: Dios recibe solo lo que Él mismo da El resultado de la oración es un hijo. Pero recuerden: no es que Ana negoció con Dios, como si dijera: “Si tú me das lo que yo quiero, yo te doy algo a cambio.” No. Es el verdadero corazón de Ana: que lo que sea que Dios le dé —si es un hijo, que es el deseo de su corazón— no va a ser para ella, va a ser para Dios y para sus propósitos y planes.

Esto nos muestra un principio muy importante, hermanos: no hay nada que Dios pueda recibir que no nos haya dado primero. Nada. Lo único que hacemos en toda la vida cristiana, en todo nuestro servicio, en todo nuestro amor, en todo lo que hacemos día tras día por Dios, es algo que Él nos dio para empezar. ¿Ana, “es de ella” realmente este hijo? No: es de Dios. Dios se lo dio. No hay nada de lo que ella se pueda jactar. Y ese es el caso de cada uno de nosotros que hemos puesto nuestra fe en Dios. Decimos: “No era mi fe que yo pude producir… no: Dios me dio lo que ahora yo le doy para ser salvo.” Dios empezó la obra. Yo solamente estoy reaccionando ante lo que Dios hace y Dios da. Esa es la esencia de nuestra salvación: todo es de Dios y para Dios. Él es el único digno de recibir la gloria por todo lo que hay en nuestra vida. No podemos decir: “Conste, yo te lo estoy dando; era mío.”

Lo que Dios nos da es lo que tenemos: lo único que tenemos para ofrecerle. Ana no busca venganza: busca glorificar a Dios Ana no está tratando de vengarse de Penina. Esto no surge de un corazón amargado hacia la otra esposa. Este es un deseo genuino de honrar y glorificar a Dios en su vida: “Yo quiero formar parte de tu plan, Señor.” Penina tiene otra visión diferente sobre la vida. Ella piensa: “La bendición de Dios está directamente conectada con cuánto tienes. Mira, yo tengo mucho; tú no tienes nada; claramente Dios me quiere más a mí.” Pero ahora, vean lo que dice el capítulo 2. Esto es muy importante. La oración de Ana: adoración que transforma (1 Samuel 2:1–10) Samuel se queda ahí. Ahora Samuel va a adorar a Dios en el tabernáculo. De él está hablando al final del versículo 28: “Y adoró ahí al Señor.”

Pero ahora el autor de 1 Samuel nos quiere mostrar el corazón de Ana. Y esta es la oración de adoración. Entonces Ana oró y dijo:“Mi corazón se regocija en el Señor; mi fortaleza en el Señor se exalta; mi boca habla sin temor contra mis enemigos, por cuanto me regocijo en tu salvación. No hay santo como el Señor; en verdad no hay otro fuera de ti; ni hay roca como nuestro Dios. No se jacten más ustedes con tanto orgullo; no salga la arrogancia de su boca, porque el Señor es Dios de sabiduría, y por Él son pesadas las acciones. Quebrados son los arcos de los fuertes, pero los débiles se ciñen de poder. Los que estaban saciados se alquilan por pan y dejan de tener hambre; los que estaban hambrientos… Aun la estéril da a luz a siete, pero la que tiene muchos hijos desfallece.

El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir. El Señor empobrece y enriquece; humilla y también exalta. Levanta del polvo al pobre; del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes y heredar un sitio de honor. Pues las columnas de la tierra son del Señor, y sobre ellas ha colocado el mundo. Él guarda los pies de sus santos, pero los malvados son acallados en tinieblas, pues no por la fuerza prevalecerá el hombre. Los que se oponen al Señor serán quebrantados; Él tronará desde los cielos contra ellos. El Señor juzgará los confines de la tierra; dará fortaleza a su rey y ensalzará el poder de su ungido.” Esa es la oración de Ana. Es el resultado de haber sido transformada por contemplar la clase de Dios que ella tiene.Y este es el principio, hermanos: la adoración nos transforma. Somos transformados y adoramos, y como consecuencia somos transformados, y como consecuencia adoramos. ¿Entienden ese ciclo?

Vengo delante de Dios, contemplo quién es Él, descanso en Él; Él me transforma; como resultado lo adoro. Y cuando lo adoro, Él me sigue transformando. Y así, y así, y así sigue la vida cristiana, hasta que lleguemos ante su presencia. Y cuando lleguemos ante su presencia, la adoración simplemente se va a intensificar aún más. Adoración es transformación. Y como dice un teólogo: adoramos lo que contemplamos y nos convertimos en lo que adoramos. Lo que Ana reconoce en su adoración Esto refleja la transformación de Ana. 1. 2. Adora a Dios por quién es Él, por su salvación, por su victoria. Dice: “Me regocijo en tu salvación.” Está hablando de haber tenido un hijo, y habla de salvación. Ana está pensando en la historia de Israel, lo que Dios ha hecho, cómo Él ha salvado a su pueblo. Reconoce sus atributos: • “No hay santo como el Señor”: Dios es santo. • “No hay roca como nuestro Dios”: Dios es fiel. • Y también que Dios es justo en su juicio. 3. Reconoce que Dios levanta al humilde y humilla al fuerte. Reconoce que Dios hace parte a su pueblo de una historia más grande, y por eso dice: “El Señor juzgará los confines de la tierra.”

Temas centrales del libro: no por fuerza, sino por Dios Esta oración contiene todos los temas del libro. Lo que ella está orando lo vamos a encontrar una y otra vez a lo largo de toda la historia: Dios levantando a alguien que parecía insignificante —a lo mejor un pastorcito— para llegar a ser rey; y Dios humillando a alguien que rebasaba por toda una cabeza a todo el pueblo, y Él lo va a humillar. Después, en 2 Samuel, David va a decir: “Cómo han caído los valientes.” Vean lo que dice el versículo 9: “Pues no por la fuerza prevalecerá el hombre.”

Este es el tema de Samuel: no por la fuerza prevalecerá el hombre. Es el poder de Dios el único que realmente afecta de una manera profunda el destino de su pueblo.Y toda esta imagen de humillar al fuerte y levantar al despreciado y humilde… de hecho es la imagen del evangelio. Eso es lo que hace el evangelio: confronta al orgulloso y lo humilla —“No hay ni uno bueno… ni siquiera uno… no hay quien busque a Dios…”— y cuando ya hemos sido humillados, Dios nos levanta con su gracia. Ana anticipa al Mesías: “dará fortaleza a su rey” (1 Samuel 2:10) Versículo 10: Ana está anticipando y profetizando algo que todavía no ha sucedido. Esto es muy significativo: “Dará fortaleza a su rey y ensalzará el poder de su ungido.” Esta es la primera vez que la palabra “ungido” aparece en relación al rey. Es la palabra para Mesías, y en griego es Cristo. Recuerden: todavía no hay rey. Y Ana está diciendo: “Sí, sí viene un rey. Viene un rey. Dios tiene a su rey.” Y es significativo cuando, en el Nuevo Testamento, María —que no es que sea estéril; tiene una situación aún más difícil: es virgen— muestra claramente que es Dios haciendo una obra sobrenatural. Y ella hace una oración que es un eco de la oración de Ana. Dice: “Ha ayudado a Israel su siervo… ha mirado a su sierva.” Es la misma expresión que usa Ana. Ana marca el comienzo de la ascensión de David a su trono.

Y María marca el comienzo de la ascensión de Jesús a su trono. Jesús sufriría la humillación más profunda —más profunda que la de Ana— y aceptaría el plan de Dios Padre para ser fuente de redención para su pueblo. Y de ese punto de humillación, como dice Filipenses 2, se humilló hasta lo sumo, pero ahora Dios lo exaltó para que su nombre sea sobre todo nombre; y al nombre de Jesús se doble toda rodilla. Esto es la oración de Ana. Conclusión: el Rey que necesitamos La pregunta, hermanos, es: ¿es el Rey que Dios ha provisto el Rey que realmente anhelamos? No sé si es el Rey que anhelamos… pero es el Rey que necesitamos. Él es el Rey que necesitamos. Y de eso se trata 1 Samuel. Oración finalGracias, Señor, por tu palabra. Y gracias porque, a través de ella, nos apuntas hacia la obra de Cristo y tu plan siendo desarrollado para tu gloria y para tu honra. Ayúdanos, Señor, en este proceso, a verte a ti y a ver nuestra necesidad de ti. En nombre de Cristo Jesús, Amén