La caída del nuevo rey
De la serie: 1 Samuel | 📖 (1 Samuel 13-15) | | 🗣Nathan Díaz | Compartelo:
Introducción: La segunda parte del reinado de Saúl Hoy vamos a estar viendo esta segunda parte del reinado de Saúl. El domingo pasado vimos cuatro capítulos de 1 Samuel para ver cómo es que llegó Saúl a ser establecido como rey. Ya me regañaron por tardarme tanto con cuatro capítulos y mucho material. Pero la verdad es que también me emociona estar contando una historia. Me parece sumamente interesante estar hablando de cosas que realmente sucedieron, más interesante que películas de ciencia ficción que no tienen ninguna base en la realidad. Voy a tratar de no leer todo el texto de estos tres capítulos, para resumir un poco más rápido y explicarles la historia. Ustedes pueden leerlo con calma.
Hay muchos detalles en la historia y eso es muy interesante. Por eso creo que a veces queremos meternos en esos detalles y ver todo lo que el autor de 1 Samuel nos quiere contar. El domingo pasado vimos cómo llega Saúl a esta posición y cómo es que él es establecido como un líder en Israel, porque necesitaban un líder. El comienzo de su historia, aunque es un poco extraña, aunque anda ahí perdido buscando unas asnas, aunque anda un poco desubicado y hasta se esconde cuando lo van a nombrar rey, realmente es prometedor y nos da algo de esperanza dentro de este personaje que Dios ha escogido para Israel.
Pero en esta otra parte vamos a encontrar lo que inevitablemente sucede, y esto sucede con todos los líderes de toda la Biblia y de toda la historia: los líderes nos decepcionan. Nuestros líderes siempre nos decepcionan, ya sean nuestros papás, ya sean los líderes dentro de la iglesia, ya sean nuestros gobernantes. En cualquier nivel que queramos buscar, cuando hay autoridad, siempre va a haber alguna falla y va a haber algo que muestra que somos falibles, que somos humanos y que tenemos debilidades.
Esto va a quedar claro aquí con Saúl, porque recuerden que en el Antiguo Testamento, como decía Jonatán, todo el Antiguo Testamento nos está apuntando hacia la promesa del Mesías, hacia Cristo. En Génesis 3:15 está la promesa de que alguien de la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente, y había esta anticipación: ¿cuándo se va a cumplir eso?, ¿quién lo va a cumplir? Es interesante lo que vimos el domingo pasado, que este personaje Nahas, amonita en el capítulo 11, significa serpiente, y Saúl lo derrota. Entonces, ¿es eso el cumplimiento de Génesis 3:15? Aquí tenemos la simiente de la mujer y la serpiente. ¿Es eso cómo se cumple esta promesa? Hay un sentido de expectativa acerca de Saúl. No sabemos qué va a pasar con él. Bueno, si ya han leído 1 Samuel, ya saben qué va a pasar con él, pero hagan de cuenta que no saben. Esto es un misterio: ¿qué va a pasar con Saúl?
Estos tres capítulos nos narran cómo es que Saúl va a ser rechazado por Dios. Nos especifica con mucho detalle el autor de 1 Samuel cuáles son los pecados que cometió Saúl. ¿Qué falló realmente aquí como rey? Esto sí es una lección muy importante para nosotros, porque nos obliga a vernos a nosotros mismos a la luz de los pecados de Saúl. Somos mucho más parecidos a Saúl de lo que pensamos. Estas cosas que van a surgir en capítulos 13, 14 y 15 nos van a mostrar eso. Entonces vamos a ver tres áreas en las que falló Saúl como rey. 1) Incredulidad: Saúl no confió en la palabra de Dios Versículo 1 del capítulo 13: Saúl tenía 30 años cuando comenzó a reinar y reinó 42 años, o en algunas versiones dice dos años sobre Israel. Ahí hay una pregunta sobre qué pasó con los manuscritos. Puede ser que la referencia a dos años sea el periodo real de lo que Saúl reinó, terminando este capítulo 12 y los episodios de los capítulos 13, 14 y 15, cuando efectivamente Dios le dice a Saúl: el reino ha sido quitado de ti. Ese es efectivamente el tiempo que reinó oficialmente, por lo menos desde la perspectiva de Dios. Esa es una posibilidad. Pablo dice en Hechos que reinó 40 años, o se estima alrededor de 42 años por todo lo que va a venir sobre Saúl.
Pero el punto es que creo que este versículo nos está anticipando lo trágico. Si realmente está hablando de dos años, es lo trágico de lo corto que reinó Saúl como rey de Israel, porque a partir de que es ungido David, que va a venir en el capítulo 16, en realidad hay un cambio desde la perspectiva de Dios sobre quién debería estar gobernando. Entonces ya nos anticipa qué tan trágica es esta historia. Saúl escoge para sí tres mil hombres. Dos mil estaban con Saúl en Micmás y en la región montañosa de Betel. Mil estaban con Jonatán, todavía no sabemos quién es Jonatán, en Geba de Benjamín. Entonces Jonatán hirió la guarnición de los filisteos que estaban en Geba y los filisteos se enteran. Saúl tocó la trompeta por toda la tierra diciendo: que lo oigan los hebreos. Todo Israel oyó decir que Saúl había herido la guarnición de los filisteos. Era algún tipo de comando de los filisteos.
Israel se había hecho odioso a los filisteos. Hay una enemistad profunda aquí. Lo que hace Jonatán de herir esta guarnición, o este grupo de filisteos en cierto punto, provoca a los filisteos. Están sumamente enojados. De repente se reúne un ejército que dice el versículo 5, para pelear contra Israel, de 30 mil carros y 6 mil hombres de a caballo, y gente tan numerosa como la arena a la orilla del mar. Subieron y acamparon en Micmás. Los hombres de Israel empiezan a sentir la presión. Son diez veces más que ellos, y luego menos que diez veces más porque unos ya se están yendo. Se empiezan a esconder en cuevas, en matorrales, en peñascos, en sótanos, en pozos, donde sea que puedan esconderse. Tienen miedo: estos filisteos nos van a matar. También algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad. Pero Saúl estaba todavía en Gilgal y todo el pueblo le seguía atemorizado. Entonces Saúl tiene su pequeño ejército, todos con miedo. Y si recuerdan, en el capítulo 10 Samuel ya le había profetizado a Saúl que, cuando se encontrara con estos profetas, hiciera lo que el Señor decía, lo que la situación requiriera.
En el versículo 7 le dice: esperarás siete días hasta que venga a verte y te muestre lo que debes hacer. Parece ser que esta es la anticipación de este evento, a lo mejor como un año después de la profecía. Ha pasado algo de tiempo. Entonces él esperó siete días conforme al tiempo que Samuel había señalado. Samuel le dijo: espérame siete días. Pero Samuel no llegaba a Gilgal y el pueblo se le dispersaba. Entre más tiempo pasaba, menos gente tenía Saúl. Empiezan a irse porque sienten la presión de los ejércitos filisteos. Saúl está esperando a Samuel. ¿Qué vamos a hacer?, ¿vamos a pelear? Nosotros somos diez veces menos que ellos, y luego menos que diez veces menos porque unos ya se están yendo. Entonces Saúl dijo: creo que sé lo que se supone que tiene que hacer Samuel cuando venga; ya pasaron los siete días que me dijo Samuel; tráiganme el holocausto y las ofrendas de paz. Ya tenemos que hacer este sacrificio, si no, nos van a matar a todos. ¿Y qué clase de rey soy si apenas empecé como rey y ya me están espantando a todo mi ejército? Y él ofreció el holocausto.
Quiero nada más que se pongan en la situación de Saúl aquí. Está en una situación de alta presión, de suma presión para hacer algo como el rey, como el rey que todos están viendo que debe liderarlos. Trata de esperar a Samuel, trata, pero la presión de tener que actuar en el momento lo lleva a ofrecer el sacrificio y el holocausto, lo cual él no debería hacer como rey. Él debería saber que solo aquellos que Dios había designado, en este caso Samuel, como los adecuados para hacer el sacrificio, eran los únicos que podían hacer sacrificio. Samuel le dijo: espérame siete días. Era una prueba para Saúl: ¿vas a creer la palabra de Dios o no?
Entonces, ¿cuál es el primer pecado de Saúl? Incredulidad. Ese es el primer pecado que está siendo narrado. Además, típico: tan pronto como terminó de ofrecer el holocausto, llegó Samuel y Saúl salió a su encuentro para saludarle. Para todos los que les gusta ser muy planeadores y muy organizados, especialmente para ustedes, ustedes entienden el estrés que esto representaría para Saúl: que alguien llegue tarde y afecte todos tus planes. Me imagino que cuando Saúl va a ver a Samuel le dice: ¿dónde estabas hace cinco minutos?, ¿por qué hasta ahorita te apareces? Lo primero que le dice Samuel es: ¿Qué has hecho? Samuel ya entra con una reprensión para Saúl, así como cuando Adán y Eva pecaron y fueron confrontados por Dios.
Dios llama a Adán y le dice: Adán, ¿qué has hecho? Saúl respondió: antes de que te enojes, Samuel, déjame explicarte. Como vi que el pueblo se me dispersaba, que tú no llegabas dentro de los días señalados y que los filisteos estaban reunidos en Micmás, me dije: ahora los filisteos descenderán contra mí en Gilgal y no he implorado el favor del Señor. Yo estoy pidiendo el favor de Dios, por eso es el sacrificio. Así que me vi forzado y ofrecí el holocausto. Samuel dijo a Saúl: Has obrado neciamente. Necio. No has guardado el mandamiento que el Señor tu Dios te ordenó. Pues ahora el Señor hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre. Pero ahora tu reino no perdurará. El Señor ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón y el Señor lo ha designado como príncipe sobre su pueblo porque tú no guardaste lo que el Señor te ordenó.
Hay mucho que decir sobre lo que Samuel está diciendo a Saúl del plan de Dios. Espero que ustedes sientan algún tipo de empatía hacia Saúl. ¿No está siendo un poco duro Samuel aquí? ¿No está siendo un poco duro Dios? ¿Por qué no se presentó Samuel un poco antes y ya? Eso hubiera solucionado el problema. Pero Dios quería mostrarle a Saúl que Saúl realmente no estaba confiando en su palabra. Esta era la manera de mostrarlo. Saúl tenía que pelear contra todo instinto natural que él podía tener para obedecer a Dios. ¿No es eso lo que es la tentación al pecado siempre para nosotros? Porque nuestra tentación al pecado siempre es lo que es natural.
La inclinación natural de nuestro corazón siempre va a ser hacia el pecado mientras estemos en un cuerpo que todavía tiene una batalla contra el pecado. Es ese proceso de santificación el que Dios quiere hacer en nosotros, donde gradualmente podamos ir entendiendo y peleando contra esa inclinación natural para agradar a Dios y hacer su voluntad en nuestras vidas. Pero Saúl simplemente hizo lo que era natural. Salmo 14:1 dice: El necio ha dicho en su corazón, no hay Dios. Todos se han corrompido, han cometido hechos abominables, no hay quien haga el bien. Cuando dice, el necio ha dicho en su corazón, no hay Dios, no está hablando solo de ateos. Podríamos pensar: ese es un versículo que habla de los ateos, son unos necios porque dicen que no hay Dios. No. Ese versículo está hablando de todo aquel que actúa como si no hay Dios, que no confía realmente en las palabras de Dios. Por eso Samuel le dice a Saúl: necio. Porque es necedad cuando actuamos conforme a nuestro propio razonamiento y conforme a nuestros propios impulsos. Pero sí lo hacemos, sí lo hacemos. Decimos que creemos en Dios y en su palabra, pero nuestras acciones muestran lo contrario.
Es esta presión: ¿qué tengo que hacer en este momento? Tengo que decidir y tengo que hacer algo. Yo sé que la palabra de Dios es en contra de este impulso natural que tengo, pero siento que me voy a quedar soltero toda mi vida y ya quiero casarme, y hay este hombre que está interesado en mí y no es cristiano. Yo sé que eso va en contra de la voluntad de Dios, pero si no hago algo ahorita, entonces nunca me voy a casar. ¿Ven cómo se ve este tipo de presión en nuestras vidas? Creo que lo que Saúl experimenta aquí es lo mismo que nosotros experimentamos en nuestra vida como cristianos. Este pasaje nos está apuntando hacia la necesidad de un rey que obedezca a Dios en todas las circunstancias, aun cuando esté bajo la presión de circunstancias desfavorables. Aquí es donde entra esta promesa: el Señor ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón. Vamos a profundizar en esto más cuando lleguemos al capítulo 16. Pero esto es algo que he hablado antes con algunos de ustedes. Ya he tenido esta conversación. Un hombre conforme al corazón de Dios está hablando más, y creo que lo hemos entendido incorrectamente, yo lo he entendido incorrectamente por mucho tiempo, está hablando más del corazón de Dios por alguien más que del corazón de esa persona por Dios.
Es decir, es el favor de Dios y la elección de Dios sobre su ungido de lo que está hablando principalmente esa declaración. Un hombre conforme al corazón de Dios es: ¿sobre quién pone su corazón Dios? Esa es la pregunta. No va a ser Saúl. No es que Dios está buscando ciertos atributos o méritos dentro de alguien que sean dignos de ser escogidos. Es que Dios, en su soberana libertad y voluntad, está escogiendo al que él quiere escoger para ser príncipe sobre su pueblo. Vamos a hablar más de eso en el capítulo 16. David va a ser la elección de Dios. Samuel se levantó, subió, y Saúl contó al pueblo que se llevaba con él: quedan como 600 hombres. Imagínense, ¿cuántos empezó? Con tres mil y ahora quedan 600. ¿600 qué es eso? Uno de cada cinco. Se han esparcido. Salió una avanzada del campamento de los filisteos en tres compañías. No nada más es que los filisteos empiezan a rodear a Israel y tienen mucho poder, sino que además, y esto es lo que narra al final de este capítulo, los filisteos tenían el monopolio sobre todas las herrerías disponibles. Hacen una jugada ahí para no regresarle sus armas afiladas a los israelitas.
Al final no solamente son menos, sino que ni siquiera tienen armas. Dice al final del capítulo que solo Saúl y Jonatán tienen armas. Solo Saúl y Jonatán. ¿Qué esperanza hay para Israel en este punto de la historia? 2) Legalismo: Saúl puso una carga que Dios no puso Aquí es donde llegamos al capítulo 14, que nos muestra un segundo error significativo de Saúl. Pero la historia en realidad comienza muy interesante, porque está Jonatán, que ahora sí sabemos que es hijo de Saúl, y lleva al joven que tiene su armadura y le dice: ven y pasemos a la guarnición de los filisteos que está al otro lado. Pero no se lo hizo saber a su padre. Esto es muy importante porque muestra que hay un problema en la relación entre Saúl y Jonatán. Jonatán dice: yo sé que mi padre no va a aprobar esto.
Todos los que tenemos hijos adolescentes entendemos eso. Más vale pedir perdón que pedir permiso. Esa es la filosofía que a veces tienes como adolescente. Si sabes que no te van a dar permiso, lo haces y luego dices: ay, sí, perdón, sí es cierto, no lo debía haber hecho. Pues esa parece un poco la actitud de Jonatán, nada más que Jonatán sí tiene una buena razón para desobedecer a su padre: tenemos que confiar en que Dios sí puede entregarnos a los filisteos. Entonces va con su portador de armas, o el joven que llevaba su armadura, y le dice, versículo 6: Ven y pasemos a la guarnición de estos incircuncisos. Quizá el Señor obrará por nosotros, pues el Señor no está limitado a salvar con muchos o con pocos. Para el Señor nada es imposible. Esa es la fe que está mostrando Jonatán, mientras Saúl está ahí muy sentadito en las afueras de Guibeá, debajo del granado que está en Migrón, versículo 2. Tenemos la pasividad de Saúl por un lado, que no sabe qué hacer, y por el otro lado Jonatán, que solo va con el que le lleva su armadura y le dice: sí podemos.
¿Cuál va a ser la señal? Vamos a subir, y está complicado. La narración es muy específica de la topografía que van a pasar. Es complicado lo que va a hacer Jonatán. Le dice que va a estar pasando por un valle, un peñasco puntiagudo por un lado y un peñasco puntiagudo por el otro lado. El nombre de uno era Boses y el nombre del otro Sene. ¿Qué significan? Resbaloso y espinoso. ¿Quieren ir a una escalada conmigo el sábado? Vamos a un peñasco. ¿Cuál peñasco? Resbaloso. ¿Y el otro? Espinoso. Eso es a lo que se están enfrentando Jonatán y su siervo. Pero el siervo cree en lo que le dice Jonatán. Dice: sí, vamos. La señal que está buscando Jonatán es: si vamos subiendo y los filisteos nos invitan a subir, eso significa que entonces sí Dios nos va a entregar a estos filisteos. Vean lo que dijo en el versículo 6. Muestra la confianza de Jonatán en la soberanía de Dios. Dice: quizás Dios nos entregue a los filisteos. No sé, pero sé que puede entregarnos a los filisteos si él quiere. No sé si lo va a hacer, pero puede hacerlo. Entonces busca esta señal: si nos invitan a subir, significa que tenemos que atacar. Suben, y efectivamente los filisteos los invitan a subir: vengan, les vamos a enseñar algo. Ellos están tramando a lo mejor emboscarlos, pero lo que termina pasando es que sube Jonatán y vean cómo lo describe: Sube tras mí, pues el Señor los ha entregado en manos de Israel, le dice Jonatán. Entonces Jonatán trepó con manos y pies, y tras él su escudero. Los filisteos caían delante de Jonatán y tras él su escudero los remataba. Ahí van los dos. Es una escena increíble. Van matando aproximadamente a 20 hombres. Cuando los filisteos se dan cuenta de estos 20 hombres muertos, empiezan a alborotarse. Aun la guarnición y los de la avanzada se estremecieron, la tierra tembló, fue un gran temblor.
Luego los sentinelas que están con Saúl, que están en Guibeá, se dan cuenta de que algo está pasando con los filisteos: están corriendo en todas direcciones. La palabra es: se estaban derritiendo. Entonces Saúl ahora sí dijo: pasen lista. No sabían que se había ido Jonatán. ¿Quién está causando esto? Pasen lista. Se dan cuenta de que es Jonatán el que no está, y son los únicos que faltan. Entonces ahora Saúl ya sabe. Pero entonces Saúl primero le dice al sacerdote: trae el arca. A lo mejor nada más para pedir la dirección de Dios, no sé, pero esto nos recuerda a lo que pasó previamente, ¿se acuerdan? Sacan el arca para que tengan éxito en la guerra, pero no funciona. Al final se ve que todavía hay más presión y Saúl dice: no, ya tenemos que actuar. Ven que la espada de cada filisteo se volvía contra su compañero. Los filisteos están atacando y luego los hebreos que también se habían escondido antes porque tenían miedo, ahora sí ya tienen valor. Dicen: algo está pasando con los filisteos, ahora sí vamos a pelear con Saúl.
Entonces salen de sus escondites los hebreos que no habían apoyado a Saúl previamente, ahora sí lo están apoyando. Estaban con Saúl y Jonatán, y entonces dice el versículo 23: así libró el Señor a Israel en aquel día. La batalla se extendió más allá de Bet Avén. Aquí es donde empezamos a ver algo que había pasado. Justo cuando se convoca la guerra y Saúl se anima, les dice algo a todo su ejército que es problemático aquí. Los hombres de Israel estaban en gran aprieto aquel día. No sabemos cuánto tiempo ha pasado, pero el problema es que Saúl había puesto al pueblo bajo juramento. Antes de salir a esta batalla les hizo prometer o jurar que no van a comer nada antes del anochecer, antes de que me haya vengado de mis enemigos. O sea, hasta que no ganemos esta batalla, nadie come.
Les hizo prometer eso a todo el ejército: maldito sea el hombre que vaya a comer. Todo el pueblo entró en el bosque y había miel en el suelo. Al entrar el pueblo en el bosque, vieron que la miel destilaba, pero nadie se llevó la mano a la boca porque el pueblo temía el juramento. Están tomando en serio este juramento que hicieron delante de Saúl. Pero Jonatán no había oído cómo su padre puso al pueblo bajo juramento. Él estaba en la batalla. Él había ido a pelear contra estos 20 y había matado a estos 20. Pero cuando regresa Jonatán y ve la miel, extiende la punta de la vara que llevaba en su mano, la mete en un panal de miel y se lleva la mano a la boca. Y brillaron sus ojos, porque tenía hambre. También le supo increíble a Jonatán. Entonces uno del pueblo le dijo: tu padre puso bajo estricto juramento al pueblo y dijo: maldito sea el hombre que tome alimento hoy. Y el pueblo estaba desfallecido. Todos ya estaban muriendo de hambre. Ustedes saben cómo es tratar de hacer las cosas con mucha hambre. Por eso a veces no están aguantando cuánto dura el sermón, ¿no? Porque dicen: ya tengo hambre.
Imagínense entrar en una batalla sin comer. Jonatán dijo, versículo 29: Mi padre ha traído dificultades a esta tierra. Vean ahora cómo brillan mis ojos porque probé un poco de esta miel. ¿Cómo sería si el pueblo hubiera comido hoy libremente del despojo que encontraron de sus enemigos? Pues hasta ahora la matanza entre los filisteos no ha sido grande. No hemos podido hacer todo lo que podríamos hacer, nada más porque todos están hambrientos. Es ridículo. En la mente de Jonatán dice: ¿por qué puso esta regla mi papá? No comer, ¿de dónde salió esta idea? Aquel día, después de herir a los filisteos, ya pasa la guerra, ya están en la victoria, están muy cansados. Como ya vieron a Jonatán comer, pero ahora sí están sumamente hambrientos, el pueblo se lanzó sobre el despojo, tomó ovejas, bueyes y becerros, los mataron en el suelo y el pueblo se los comió con la sangre. Nada de término medio. A ver, casi cruda la carne nos vamos a comer porque ya tenemos tanta hambre que tenemos que comer algo. Están desesperados. Lo que termina pasando es que a Saúl le avisan: el pueblo está pecando.
Ellos deberían saber que no deben comer cosas con sangre. Saúl dice: sí es cierto, han obrado pérfidamente; tráiganme una piedra grande inmediatamente. Saúl añadió: Dispérsense entre el pueblo, que traigan cada uno su buey o su oveja, mátenlos aquí y coman, pero no pequen contra el Señor comiendo carne con sangre. Aquella noche todo el pueblo trajo cada cual su buey consigo y los mataron ahí. Saúl edificó un altar al Señor. Este fue el primer altar que él edificó al Señor. Entonces Saúl sí está tratando de hacer lo correcto aquí, pero ¿quién fue el causante de este problema en primer lugar? Saúl. Les dice: descendamos contra los filisteos de noche y tomemos despojo de entre ellos hasta el amanecer. El pueblo dice: haz lo que bien te parezca. Entonces está el sacerdote, aquí está lo del Urim y Tumim, que no sabemos exactamente cómo funcionaba, pero era una manera de encontrar la voluntad de Dios, sí o no. Dios no le contesta a Saúl cuando Saúl pregunta si Dios va a entregar a los filisteos en sus manos.
Esto es parte de la profecía del capítulo 8, cuando veíamos el versículo 18. ¿Se acuerdan acerca del rey? Dios dijo: ese día aclamarán por causa de su rey a quien escogieron para ustedes, pero el Señor no les responderá en ese día. No hay respuesta y Saúl está preocupado. Entonces dice: ¿de quién es culpa de que Dios no nos esté contestando? Hace una cosa donde él se pone con Jonatán de un lado y el pueblo del otro, y básicamente la suerte cae sobre Saúl y Jonatán; después cae sobre Jonatán. Eso es el versículo 42. Dijo Saúl a Jonatán: cuéntame lo que has hecho. Esta es tu culpa, Jonatán, que Dios no nos quiere ayudar. Jonatán le respondió. Escuchen el sarcasmo en la voz de Jonatán cuando dice: En verdad probé un poco de miel con la punta de la vara que tenía en la mano. Aquí estoy, debo morir. Mi pecado fue comer un poco de miel. Y Saúl es increíble. Dice: que Dios me haga esto y aún más, pues ciertamente morirás, Jonatán. De repente Saúl dice: sí, te vamos a matar. Claro que esto causa revuelo entre todo el pueblo y le dicen a Saúl: ¿debe morir Jonatán, el que ha obtenido esta gran liberación en Israel? No sea así. Ellos dicen: fue Jonatán el que nos llevó a la victoria, en realidad no tú, y ahora tú quieres matarlo porque comió miel. Vive el Señor, que ni un cabello de su cabeza caerá a tierra, porque él ha obrado con Dios en este día. Ahora van a ver en un momento cuánto Saúl quiere caerle bien a la gente y cuánto temor tiene a la gente. Él cede a esto. Por eso es que dice: así el pueblo rescató a Jonatán y no murió.
Luego Saúl subió dejando de perseguir a los filisteos, y los filisteos se fueron a su tierra. El texto nos dice que cuando Saúl asumió el reinado, luchó contra todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los amonitas, contra Edom, contra los reyes de Soba, contra los filisteos. A dondequiera que se volvía resultaba vencedor. Obró con valentía derrotando a los amalecitas y libró a Israel de manos de los que lo saqueaban. Aquí nombra a sus hijos y a su familia. La guerra contra los filisteos fue encarnizada todos los días de Saúl. Cuando Saúl veía a algún hombre fuerte o valiente, lo unía a su servicio. Nuevamente, es una parte de la profecía de que él tomará de ustedes. ¿Se acuerdan del capítulo 8? Esto se está cumpliendo. Él ve gente con potencial, uno de ellos va a ser David, y los trae para su ejército. Pero realmente el texto nos está diciendo que Saúl fue militarmente un buen rey. Militarmente, sí. Obtuvo muchas victorias. Obró con valentía.
Pero el texto no quiere enfatizar eso. Son solo dos versículos de todo este capítulo. El texto quiere mostrarnos en dónde estaba fallando Saúl. Ahí está haciendo el énfasis. ¿En qué falló Saúl aquí en este episodio? ¿Por qué pasa tanto tiempo el narrador en mostrarnos lo que hizo Saúl? Porque el otro pecado de Saúl es lo que llamamos legalismo: poner una carga sobre la gente que Dios no está poniendo. Esto es de su propia preferencia. Como yo soy el rey, yo puedo hacer que nadie coma durante todo este tiempo. Es una manera de ejercer control sobre la gente. Este legalismo es un riesgo que existe en todas nuestras vidas. ¿No es verdad? Es muy fácil tener la tendencia a imponer nuestras preferencias sobre otros y así controlar la situación. Con controlar la situación me refiero a que la situación sea como yo quiero que sea, que yo me sienta cómodo en esta situación.
Escuchamos sobre esto todo el tiempo. En las iglesias se puede desarrollar el legalismo de una manera muy fácil, porque muchas iglesias pueden establecer, y es un peligro también aquí para la nuestra, reglas que la Biblia no da y poner eso como una carga sobre los demás: si ustedes no cumplen con esto, no son buenos cristianos. Lo he visto en muchos contextos. El estilo de música son preferencias. La manera en que vestimos son preferencias. Algunas cosas de cómo llevamos nuestras familias en nuestros hogares son preferencias. Pero es muy fácil llevar eso a un nivel que la Biblia no lleva e imponerlo como una carga. Eso es lo que hizo Saúl. Puso una carga de legalismo sobre su ejército. En contraste tenemos a Jonatán, que está actuando por fe, y a Saúl, que está actuando por obras, en el sentido de que está poniendo obras que Dios no pide como requisito. Cuando vemos a Jonatán poner su confianza en el Señor, él no está preocupado por estas cosas externas. Él está preocupado por esto: ¿está Dios con nosotros, sí o no? Y si está con nosotros, él puede hacer lo que él quiera hacer. Nos recuerda Génesis 18. Esta carga innecesaria que Saúl pone sobre su gente es la misma carga de la que Jesús habló a los líderes religiosos de su tiempo.
Esto es un tema para los religiosos realmente: Ay también de ustedes, intérpretes de la ley, porque cargan a los hombres con cargas difíciles de llevar y ustedes ni siquiera tocan las cargas con uno de sus dedos. Entonces, Señor, ¿qué espero de los demás? ¿Cómo es que toda la gente a mi alrededor no cumple el estándar que yo espero de ellos? ¿Me veo más exigente que Dios? Puede ser. Ese es el problema de Saúl aquí. 3) Desobediencia: Saúl desechó la palabra del Señor Por último, encontramos el capítulo 15. Imagínense: el acto de Saúl lo llevó a ponerse en una posición donde iba a matar a su propio hijo. Esa es la implicación de su necedad en esta situación. En el capítulo 15 leemos el último pecado grande que está cometiendo Saúl, y es el más significativo. Samuel le dice: Saúl, el Señor me envió a que te ungiera por rey sobre su pueblo, sobre Israel. Ahora pues, está atento a las palabras del Señor. Esta es la instrucción: está atento a las palabras del Señor. ¿Qué te va a decir Dios que hagas?
Fíjense el énfasis. Además, Dios te puso ahí, así que no empieces a jactarte de que tú realmente mereces esta posición como rey. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo castigaré a Amalec por lo que hizo a Israel, cuando se puso contra él en el camino mientras subía de Egipto. Esta es una situación que leemos en Éxodo 17; viene desde allá la historia. Dios le dice: Ve ahora y ataca a Amalec y destruye por completo todo lo que tiene y no te apiades de él. Antes bien, da muerte tanto a hombres como a mujeres, a niños como a niños de pecho, a bueyes como a ovejas, a camellos como a asnos. Mátalos a todos, le dice Dios. Entonces Saúl convocó al pueblo, 200 mil soldados a pie y 10 mil hombres de Judá. Saúl fue a Amalec y se emboscó en el valle. También les advierte a otros, los ceneos: ustedes váyanse, no queremos matarlos. Saúl todavía hace algunas cosas bien aquí. Dice: nada más queremos matar a los de Amalec.
Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila en dirección de Shur hasta el oriente de Egipto. Capturó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y destruyó por completo todo el pueblo a filo de espada. Pero Saúl y el pueblo, y aquí el énfasis en el original está realmente sobre Saúl como representante del pueblo, perdonaron a Agag y lo mejor de las ovejas, de los bueyes, de los animales engordados, de los corderos y de todo lo bueno. No lo quisieron destruir por completo, pero todo lo despreciable y sin valor lo destruyeron totalmente. Entonces Dios les dijo que destruyeran todo. ¿Y qué hicieron? Fueron selectivos en lo que destruyeron. Ay, pero mira esta ovejita, está tan gordita y una barbacoa con esta ovejita estaría buenísimo, entonces mejor no. Empiezan a guardar cosas, y también el rey. No matan al rey.
Esto es un tema de orgullo para Saúl, porque esa es la costumbre: vas a conquistar una nación y ahora tienes preso al rey. Eso es un símbolo de autoridad y de victoria para el rey que conquistó. Para Saúl esto empieza a elevar su importancia dentro de Israel: miren lo que estoy logrando para Israel, ya he estado ganando todas estas batallas, y esta batalla que me pidió Dios que ganara, mira, voy a sostener preso al rey como muestra, como trofeo. Y levanta un monumento para sí. Eso está en el versículo 12. Pero vean lo que pasa cuando vino la palabra del Señor a Samuel. Le dice: me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos. Me pesa. Le pesa en el corazón a Dios ver la tragedia de la desobediencia de Saúl. Esto del monumento es interesante, porque no eleva un altar para Dios; eleva un monumento para él mismo. Luego viene Samuel a Saúl. Saúl le dijo: Bendito seas del Señor, he cumplido el mandamiento del Señor. Él está orgulloso de lo que logró.
Cuando estaba leyendo eso me acordé de Cael cuando estaba chiquito. Un día llegué a la casa y dice: papá, ¿te acuerdas cómo me enseñaste a escribir mi nombre? Mira, en esta pared con estos plumones ya puse mi nombre un montón de veces. Él estaba súper orgulloso de eso. ¿Cómo reaccionas? Agarré una esponja y un cepillo y le dije: a ver, qué bueno que ya sabes escribir tu nombre, pero ahora tienes que borrar todo eso de la pared.
Así me suena aquí Saúl, ingenuo de lo que significa lo que ha hecho. Él está orgulloso de lo que hizo. Pero Samuel dijo: ¿qué es este balido de ovejas en mis oídos y el mugido de bueyes que oigo? También como los que tenemos hijos chiquitos o teníamos hijos chiquitos, que llega el niño con la cara cubierta de chocolate. ¿Comiste el chocolate que te dije que no tenías que comer? Está todo lleno, embarrado. Así está Saúl. Me estás diciendo una cosa: sí, cumpliste, hiciste exactamente lo que Dios te había pedido. Pero yo escucho otra. Toda la evidencia a tu alrededor es que no cumpliste con el mandamiento de Dios. Saúl respondió, vean cómo responde: Los han traído de los amalecitas porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de los bueyes para sacrificar al Señor tu Dios, pero lo demás lo destruimos por completo. Quiere justificarse aquí: bueno, fueron ellos los que lo hicieron, pero míralos, entiéndelos, querían hacerlo para Dios.
Entonces Samuel dijo a Saúl: Espera, déjame declararte lo que el Señor me dijo anoche. Saúl le dice: habla. Yo creo que luego se arrepintió de haber dicho habla, porque Samuel le dijo: ¿No es verdad que aunque eras pequeño a tus propios ojos fuiste nombrado jefe de las tribus de Israel, y el Señor te ungió rey sobre Israel? ¿Y que el Señor te envió en una misión y te dijo: ve y destruye por completo a los pecadores, los amalecitas, y lucha contra ellos hasta que sean exterminados? ¿Por qué, pues, no obedeciste la voz del Señor, sino que te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Señor? Samuel está confrontando. Está diciendo: sí pecaste, Saúl, reconócelo.
Y otra vez Saúl se justifica y dice: Samuel, yo obedecí la voz del Señor y fui en la misión a la cual el Señor me envió. He traído a Agag, y ahora ya se le salió otra cosa que no había salido antes, he traído a Agag, rey de Amalec, y he destruido por completo a los amalecitas. Pero el pueblo tomó el botín, ovejas y bueyes, lo mejor de las cosas dedicadas al anatema, para ofrecer sacrificio al Señor tu Dios en Gilgal. Se sigue justificando sobre lo que pasa. No reconoce que hizo mal. Samuel le dice: ¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor? ¿Es eso lo que le importa a Dios, que tengan animales para sacrificar? Entiende, obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención que la grasa de los carneros. Porque la rebelión es como el pecado de adivinación y la desobediencia como la iniquidad e idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey. Solo hasta entonces Saúl se da cuenta: no sé si estoy en problemas aquí con Dios. Dice: he pecado, en verdad he quebrantado el mandamiento del Señor y tus palabras, porque temía al pueblo y escuché su voz. Está reconociendo lo que hizo mal. Pero ¿es un arrepentimiento genuino el de Saúl?
Vamos a descubrir que no lo era por todo lo que viene a continuación. Le dice: Ahora pues, te ruego que perdones mi pecado y vuelvas conmigo para que adore al Señor. Pero Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo, porque has desechado la palabra del Señor, y el Señor te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. Repite esta profecía de parte de Dios y esta declaración de parte de Dios: tú ya no vas a ser rey. La escena que sigue es muy triste de parte de Saúl. Cuando Samuel se volvía para irse, Saúl asió el borde de su manto y este se rasgó. Entonces le rasga el manto a Samuel, y Samuel le dijo: Hoy el Señor ha arrancado de ti el reino de Israel y lo ha dado a un prójimo tuyo que es mejor que tú. También la gloria de Israel no mentirá ni cambiará su propósito, porque él no es hombre para que cambie de propósito. Así como se rompió el manto de Samuel, le dice Samuel, así Dios está rompiendo el reino y lo está arrancando de ti. Saúl respondió: He pecado, pero te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y que regreses conmigo para que yo adore al Señor tu Dios. Ahora nos damos cuenta de que lo que preocupa realmente a Saúl es quedar bien con la gente. Tú, Samuel, ayúdame a quedar bien. Sí, perdón, perdón por mi pecado, pero defiéndeme con la gente.
Algo interesante hasta este punto, nótenlo en sus Biblias: desde el versículo 15, cuando Saúl le responde a Samuel por primera vez, Saúl dice: para sacrificar al Señor tu Dios. Aquí está la esencia del problema de Saúl. Esto se repite otra vez en el versículo 21: ofrecer sacrificios al Señor tu Dios. Y aquí otra vez se repite en el versículo 30: regresa conmigo para que yo adore al Señor tu Dios. Le está diciendo: es tu Dios, Samuel. Esa es la esencia del problema de Saúl. Él no está sirviendo al verdadero Dios. Él está sirviendo a otro dios. Por eso la advertencia de Samuel es que desobedecer a Dios es como el pecado de adivinación y como la iniquidad e idolatría. Es como tener otro dios. Es como si dijeras: yo no soy cristiano. Si yo no obedezco a Dios, es efectivamente porque estoy sirviendo a otro dios y ese es mi dios. Esa es la única razón por la que desobedecemos el mandamiento de Dios: porque tenemos ídolos que nos atraen como si ese fuera nuestro Dios. Eso es lo que está pasando en el corazón de Saúl. Él tiene un nuevo dios, que es él mismo y su reputación delante de la gente. Él solo está buscando quedar bien delante de otros. Entonces Dios ya no es su Dios. Él ya no está ahí para servir a Dios. Él está ahí para servirse a sí mismo. Entonces Samuel dijo: tráiganme a Agag, rey de los amalecitas.
Esta escena es un poco cómica, porque Agag vino a él alegremente: hola, Samuel. Sí, yo soy Agag, el rey de los amalecitas. Mira, yo maté gente, pero ustedes ya mataron a los míos, ya estamos como que a mano, ¿no? Samuel dijo: Como tu espada ha dejado a las mujeres sin hijos, así también tu madre será sin hijo entre las mujeres. Y Samuel despedazó a Agag delante del Señor en Gilgal. Marco nos estaba hablando de leerle historias a tus hijos en la noche. Pensé en esta. Es gráfico, es violento esto, pero Samuel hizo lo que Saúl tenía que haber hecho. Luego Samuel se fue a Ramá, pero Saúl subió a su casa en Guibeá de Saúl. Samuel no vio más a Saúl mientras vivió, y Samuel lloraba por Saúl, pues el Señor se había arrepentido de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel. Qué historia tan trágica encontramos aquí. El pesar de Dios y la gravedad del pecado Tenemos que pensar en algo interesante que está pasando en este capítulo: ¿se arrepiente Dios o no? Porque en el versículo 29 leemos que él no es hombre para que cambie de propósito o para que se arrepienta. Pero en el versículo 11 Dios dijo: me pesa haber hecho a Saúl, o me arrepiento de haber puesto a Saúl como rey.
Y aquí al final dice que el Señor se había arrepentido de haber puesto a Saúl por rey. Parecería una contradicción dentro del mismo capítulo. Pero tenemos que entender que esta palabra tiene muchos diferentes contextos y significados posibles. El significado que se usa cuando se habla de que Dios se arrepiente, que es un antropomorfismo, una manera de explicar verdades de Dios en términos humanos, es esa idea de pesar, de que le duele, que genuinamente Dios se entristece por la condición de las personas.
Dios no cambia de parecer. Claramente él ya había predicho lo que iba a pasar con Saúl. Él sabía lo que iba a pasar antes de ponerlo como rey. Entonces no es que Dios está arrepintiéndose en ese sentido de: no lo hubiera hecho. Sino: me duele haberlo hecho, porque esto es lo que el pecado hace. Eso es lo que pasa cada vez en la mente y en el corazón de Dios. El pecado siempre trae dolor y tristeza a su corazón. Ese es el sentido de arrepentimiento, de pesar, que describe el texto, creo yo, y que tenemos que mirar. ¿Cuál fue entonces el pecado de Saúl en este pasaje? Desobediencia. Desobediencia a un mandamiento que nos podría parecer un poco exagerado: maten a todos, maten mujeres, niños, animales.
Por cierto, hay un capítulo en el libro Si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal? específicamente sobre esto de los mandamientos de exterminio de parte de Dios. Pueden leer una explicación un poco más extensa sobre eso. ¿Era un exterminio por ser amalecitas? No. No es genocidio étnico. Es porque son pecadores y el juicio de Dios es justo. Y si tenemos este sentimiento que mucha gente tiene de minimizar el juicio divino, es porque estamos inclinados a minimizar el pecado humano. El mensaje del evangelio comienza con juicio. ¿No es cierto que merecemos todos condenación? Todos merecemos ser exterminados por Dios en nuestro pecado. Eso es lo que merecemos. Y es por eso que son buenas noticias que Jesús vino a morir por nosotros, porque sabemos lo que merecemos y que el juicio de Dios es perfecto en condenarnos. Si tenemos un sentido de que eso no es justo, entonces no tenemos un sentido correcto de la gravedad del pecado. Esa es la verdad que está siendo expuesta aquí para nosotros con el exterminio de los amalecitas.
Lo que también estamos viendo en este pasaje es que el pecado nos ciega a nuestra desobediencia. ¿Saúl por cuánto tiempo ni siquiera se da cuenta de que ha sido desobediente? ¿Lo ven? Él se sigue defendiendo. ¿Pero qué hice mal? ¿Pero qué hice mal? ¿Pero no estuvo mal? Una y otra vez, aun cuando Samuel le dice: estuvo mal. Hasta que ya le dice: Dios te ha desechado, es cuando dice: bueno, también sí hice mal. Pero la realidad es que el pecado sí nos puede cegar a nuestra desobediencia. Podemos estar tan absortos en nuestro pecado que ya no lo vemos como desobediencia a Dios. El arrepentimiento falso Para terminar, quiero mostrarles cómo se ve el arrepentimiento falso basado en la historia de Saúl.
Número uno: el arrepentimiento falso es obediencia parcial. Se dan cuenta de que cada vez que Saúl dice: pero sí los maté, está diciendo: sí hubo cosas que hice que Dios me dijo que hiciera. Eso es lo que nosotros tenemos que hacer para sentirnos mejor sobre nuestra desobediencia. Tenemos la tendencia a mostrar dónde sí obedecemos, y de esa manera como que poner en una pesa y decir: bueno, ¿cuál pesa más, mi obediencia o mi desobediencia? Eso no funciona en la corte celestial, en la corte de Dios. No funciona. Dices: bueno, sí chismeé de la hermana, pero vine a la iglesia, ¿eh? Yo no me quedé en la casa como otros. Así es como nos justificamos.
1 Samuel 13-15 La otra cosa que vemos es que Saúl señala al pueblo. Dice: bueno, en realidad los que se subieron fueron ellos. Saúl realmente está buscando quién pudo haber hecho algo peor, o más bien poder desviar la atención de él a alguien más. Muy parecido a lo que pasó con Adán: bueno, sí desobedecí, Señor, pero también la mujer que me diste, ¿cómo no quieres que desobedezca? Está tan guapa, pues claro que iba a comer si me lo ofrecía. O a veces podemos pensar en las cosas que otros nos han hecho y justificar nuestras acciones en base a lo que otros nos han hecho. Eso es lo que mucho hace la psicología hoy. Es decir: realmente toda tu conducta no es tu culpa, es culpa de tus padres o es culpa de otros y todo lo que ellos te han hecho. Entonces tú eres inocente, tú no has pecado, tú no has hecho nada mal. La otra cosa que vemos que es arrepentimiento falso es decir: está justificado, ¿no? Esto pasó en el capítulo 13, que la desobediencia de Saúl estaba justificada considerando las circunstancias. Humanamente, claro que está justificado. Ya hagamos el sacrificio, ya tenemos que hacer algo.
Nosotros como cristianos muchas veces actuamos justificándonos y minimizando nuestra desobediencia. Yo fui confrontado fuertemente con este punto, porque a veces nuestra tentación es abusar el sistema. Está justificado porque si el sistema abusa de nosotros, pues nosotros también abusemos del sistema. Como ya les conté la historia de las pirámides, de cómo fui a las pirámides, puedo ser honesto con ustedes y decirles algo en lo que Dios me confrontó poco tiempo después de que fuimos. Yo me bajé para comprar los boletos de todos y cuando llegué a la taquilla vi que había dos precios: uno para mexicanos y residentes de México, y otro para extranjeros. La mayoría de los que venían con nosotros eran extranjeros. Yo iba a comprar los boletos y compré puros boletos para mexicanos. Me di cuenta de que nadie estaba revisando si traías tu INE o no. Y dije: bueno, ya llevan una semana en México, son prácticamente residentes.
Eso pasa en tu mente. En el momento tomas una decisión y dices: me voy a ahorrar 300 pesos. Compré boletos mexicanos para mexicanos cuando eran extranjeros, y así entraron. Pero pasa el tiempo y empiezo a sentir en mi conciencia: no estuvo bien delante de Dios. Estoy justificándolo en mi cabeza. Estoy diciendo: no pasa nada. ¿A quién dañamos? ¿Dañamos a alguien? No estoy seguro de que las pirámides se fueron a bancarrota por eso. Pero eso es lo que está pasando en mi cabeza. Tengo que confesarlo delante de Dios y de las personas con las que fui partícipe en eso, aunque fue mi decisión, y decir: no, estuvo mal. No puedo justificar esto.
Esa es la misma manera en la cual nosotros todo el tiempo estamos tentados a justificarnos, como Saúl se justificó. Tiene sentido, las circunstancias lo ameritan. Otra cosa es hacerlo “para Dios”. ¿Se dan cuenta de todas las veces que Saúl dijo: pero guardamos los animalitos para sacrificarlos para Dios? Te estoy contando esto que hizo la hermana, pero es para que ores por ella, por eso te lo estoy contando. Tenemos una manera de espiritualizar las cosas y convertirlas como que no sean tan graves, porque hay una buena motivación aquí, hermano. No dudes de mis motivaciones. Yo sí quiero que Dios sea honrado en esto. Pero en realidad somos nosotros y nuestros propios deseos los que nos están llevando a hacer esas decisiones.
Por último, el arrepentimiento falso se da por temor al hombre. Saúl admite que tenía temor al hombre. ¿Ustedes se acuerdan? El domingo pasado, cuando leíamos el capítulo 12 y veíamos todo lo que Samuel les dijo al final en los versículos 14 y 15, les dijo: Si temen al Señor y le sirven, escuchan su voz y no se rebelan contra el mandamiento del Señor, entonces ustedes, como el rey que reine sobre ustedes, estarán siguiendo al Señor su Dios. Pero si no escuchan la voz del Señor, que es lo que está pasando, sino que se rebelan contra el mandamiento del Señor, entonces la mano del Señor estará contra ustedes como estuvo contra sus padres. Entonces, ¿qué hizo Saúl? Temió a la gente en vez de temer a Dios. Escuchó la voz de la gente en vez de escuchar la voz de Dios.
El problema que tenemos cuando hay un falso arrepentimiento es que por debajo de nuestro pecado nosotros hemos decidido lo que está bien y lo que está mal, lo que importa y lo que no importa. También, por cierto, y esto es parte de la vida cristiana y de la iglesia, determinamos cuáles son los pecados graves y cuáles no son tan graves. Los míos no son realmente el problema; son los pecados de esa persona el problema. Entonces medimos estas dimensiones de pecado para podernos sentir mejor sobre nosotros mismos, y eso nunca va a llevar a un genuino arrepentimiento.
El verdadero arrepentimiento ¿Qué es el verdadero arrepentimiento de acuerdo a la palabra de Dios? Los versículos 22 y 23 son el corazón del evangelio: obedecer es mejor que un sacrificio. No puedes compensar por tu pecado con actividad religiosa. No puedes vivir tu pecado y justificar tu pecado pensando: bueno, pero al fin y al cabo sí voy a la iglesia todos los domingos; al fin y al cabo sí soy parte del discipulado; al fin y al cabo sí a veces evangelizo; al fin y al cabo enseño la Biblia desde el púlpito; mi pecado no puede ser tan grave. Dios se complace en obediencia, no en qué tan fiel soy en la iglesia.
Número uno: el arrepentimiento genuino es sin excusas. Si hay excusas, no es arrepentimiento. Si buscamos cómo defender nuestras acciones, no es arrepentimiento. Eso es lo que hizo Saúl. Número dos: buscando a Dios. ¿Es mi arrepentimiento para ir a Dios o para hundirme en mi frustración y depresión? Pobre de mí. Ojalá no lo hubiera hecho, porque mira cómo me fue. Eso es lo que pasó con Saúl, pero no lo llevó a buscar realmente a Dios. Es lo que vamos a ver en el desarrollo del resto de este libro: Saúl no buscó a Dios. Si nuestro arrepentimiento no nos lleva a los pies de Cristo, entonces no es genuino arrepentimiento. Como dice 2 Corintios 7:10: Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación sin dejar pesar, pero la tristeza del mundo produce muerte.
Por último, el arrepentimiento genuino es un cambio a la acción. Va a haber un cambio en nuestras vidas cuando hay un genuino arrepentimiento. Eso es algo que no vemos en la vida de Saúl, que nos muestra claramente que no hubo arrepentimiento, porque Saúl se va a ir hundiendo más y más en su propia reputación y en su persona personal, al grado de querer matar a David, al grado de actuar de maneras irracionales. Cuando Samuel le dice: has actuado neciamente, es real. El pecado nos hace actuar irracionalmente, neciamente. Nos hace hacer cosas tontas. ¿Por qué hice eso? Pero Dios quiere que el arrepentimiento nos lleve a voltear en dirección y a decir: no, Señor, cambia mi corazón.
Cristo: el rey que hizo la voluntad de Dios El mensaje en todo este capítulo es: Saúl falló como rey. ¿Quién va a ser el rey que va a honrar a Dios en todo lo que haga? ¿Quién va a poder escuchar las palabras: este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia? ¿Quién va a hacer el sacrificio y la ofrenda que Dios sí ha pedido? Por lo cual, al entrar Cristo en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no has querido, pero un cuerpo me has preparado; en holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido. Entonces dije: Aquí estoy, yo he venido en el rollo del libro está escrito de mí para hacer, oh Dios, tu voluntad.
Habiendo dicho anteriormente: sacrificios y ofrendas y holocaustos y sacrificios por el pecado no has querido, ni en ellos te has complacido, los cuales se ofrecen según la ley. Entonces dijo: Mira, yo he venido para hacer tu voluntad. Él quita lo primero para establecer lo segundo. Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre. Hebreos 10:5-10. A través de ese rey puede haber verdadero arrepentimiento. Así que todos hoy necesitamos ser confrontados como fue confrontado Saúl. Todos. No hay nadie aquí que pueda decir: yo no. Todos tenemos que ser confrontados con nuestro pecado, y hay dos posibles respuestas: genuino arrepentimiento o falso arrepentimiento. Así que, mientras nos preparamos para cantar, quiero que tomes un minuto, cada quien en su lugar, en silencio delante de Dios. Piensen: Señor, como dice el Salmo 139, muéstrame, Señor, si hay camino de perversidad en mí. Guíame en el camino eterno. Tomemos un minuto para reconocer nuestro pecado delante de Dios, sin excusas, pidiéndole que él cambie nuestro corazón.
